Y la vida cambió…

Amaneces con el ánimo al máximo, esperando tener un súper día, deseándole a todos tus amigos lo mejor y de repente… la triste noticia: una persona allegada a ti ha muerto. Sí, un amigo de tu hijo de apenas 28 años ha tenido un fatal accidente. ¡Qué cosa más triste!

Te impresionas y piensas “¿por qué, cómo sucedió, a un joven de esa edad?”… Un choque, dos de la tarde y, de pronto, un muro termina con la vida de un joven con toda la vida por delante. Había pedido a su novia en matrimonio hacia sólo dos meses, todas las ilusiones y… Todo termina así.

Buen momento para reflexionar: ¿es esto lo que queremos, lo que esperamos? Mi propio hijo pone un mensaje de condolencia diciendo “algún día te daré ese abrazo que nunca pude volverte a dar”. Duele y duele mucho, pero será tal vez el momento de pensar: no dejes nunca de dar ese abrazo, esa sonrisa, ese halago, ese “¡te quiero!”. Y sí, como en este caso, ya no lo podrás hacer nunca.

Siempre he dicho, y es mi lema de ir por la vida, “¡la vida es una fiesta!”. ¿Qué pasa cuando esa fiesta se ve interrumpida por una tragedia como ésta? Pensemos en los padres, qué momentos más horribles estarán pasando, si nosotros los amigos nos sentimos tan tristes, no puedo imaginar lo que sentirán ellos en su interior. ¿Dónde quedaron esa vida, esas expectativas, esas esperanzas…?

lavidacambia

Me gustaría que pudiéramos ver las cosas no desde fuera, como la mayoría, sino desde dentro, desde donde duele, desde donde debemos aprender a querer a nuestros amigos con el alma, con el corazón, darles lo mejor de nosotros, ¿qué pasaría –como ahora- que un día ya no estén? ¿Dónde quedaron esas palabras no dichas y qué pasaría si los que no estemos seamos nosotros? Tal vez nos gustaría irnos sabiendo cuántas personas nos querían, cuántos nos abrazaron, cuántas nos dijeron “gracias”, o simplemente un “te quiero” desde el corazón.

Hagámonos merecedores de lo bueno, sembremos bien para poder cosechar. Aprovechemos los días, las horas, los minutos para agradecer primero por la dicha de estar vivos y después por estar rodeados de seres maravillosos. Todos tienen algo que podemos agradecer, nosotros a la vez digámosles cuántas veces sea necesario “te quiero”, “gracias por estar aquí”, “gracias por ser tú”, y si alguna desavenencia existe, pasemos la página y recordemos lo bueno de ese alguien.

Hoy es momento de reflexionar, de agradecer y de ser solidarios con los que sufren. De agradecer la maravillosa fortuna de estar vivos, rodeados de personas que nos quieren y a quienes queremos, y demos lo mejor de nosotros mismos. En un instante… ¡La vida cambia!

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