Vogue es amor

Estaba a punto de tomar mi vuelo de regreso a México, mi único consuelo era esa parada en Nueva York, después de haber viajado durante un mes. Me quedaban tan solo tres días en la Gran Manzana y la tragedia de regresar a la realidad estaba cerca, la idea me disgustaba bastante.

Llegué con antelación a mi vuelo y me ofrecieron salir antes, accedí. Aterrizaría en Londrés antes de lo esperado.

Vi el celular y me di cuenta que tenía menos de una hora para partir, con el tiempo justo recorrí las tiendas del aeropuerto de Malpensa en Milán y me quedé hojeando las revistas de moda: Vogue Rusia y Vogue Japón me sedujeron por completo. Vogue Italia estaba lista para atraparme con su gran edición, la tomé y noté lo pesada que era, pero nada importó, ni el exceso de equipaje que ya cargaba en mi bolso. A su lado estaba una pequeña publicación en tono amarillo, leí: los must haves de la A- Z, no dudé, pagué ambas y me despedí de los últimos euros.

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Cuando tuve en mis manos los tomos, sentí que me llevaba una parte del país, Italia en mi hogar. Pensé que si algún día olvidara ese estilo tan único, italiano bastaría con hojear aquellas magazines y la inspiración brotaría nuevamente.

Claro que era un acto de exageración pues llevaba mi libreta atiborrada de historias, mi laptop con un diario del viaje y mi cámara a punto de explotar con imágenes de los sitios visitados. Pero esa última adquisición tenía algo, me hacían sentir demasiado especial, me daban una fuerza que no entendería hasta después.

Me instalé en Nueva York y tres días después partí. Sentí el cambio de estación al despertar la mañana siguiente en mi departamento, con un jet lag tremendo y el sol en mi cara. Había olvidado que durante el otoño el sol entra por mi ventana y me da los buenos días con los rayos apuntando hacia mi cama, ahí comprendí que mi viaje fue largo y que hacía mucho no estaba ahí. Al voltear hacia mi escritorio lo primero que observé fueron las revistas, las tomé y las volví a hojear. Salté y me vestí bajo el hechizo del look italiano, sofisticado y elegante. El cansancio se me olvidó después de mi primer café y salí deseosa de conquistar el mundo con un “Ciao”.

Mis pequeñas biblias están en mi escritorio y cada que las necesito están ahí listas  para darme un poco de su  magia o inspiración.

 

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