Viajar para cambiar el mundo

Solemos pensar en los viajes como sinónimo de vacaciones: nada más que tiempo libre para dedicarnos a nosotros, descansar, olvidarnos del trabajo y del estrés cotidiano. Pero esta concepción ha cambiado a lo largo de los últimos años. Hoy en díaexisten viajes para cubrir necesidades específicas: los hay sólo para niños, de «experiencias», de lujo, ecológicos, extremos y muchos otros estilos más. Pero hay una categoría muy importante que por fortuna los trotamundos adoptan cada vez más: los viajes filantrópicos o de voluntariado.

Estos viajes tienen un propósito mayor que el bienestar propio: parten de las ganas de poner un granito de arena en la sociedad, de cambiar la vida de algunas personas y de mejorar al mundo. Exigen que las personas se sumerjan por completo en la cultura del país que visitan, en sus costumbres y hábitos. Como resultado de esto, además de poder conocer a fondo la vida de una región, queda la gran satisfacción de haber  ayudar a una comunidad a construir su futuro. Ya sea dándoles clases a personas de bajos recursos para que después puedan ellos mismos crear sus propias fuentes de ingreso, limpiando o visitando a enfermos o ancianos.

No hay pretextos para no hacerlo. Existen opciones de voluntariado en todos los rincones del mundo. Aquí mismo en México hay proyectos para ayudar a los niños abandonados en Oaxaca, sólo por mencionar un ejemplo. En todo Latinoamérica hay muchas causas que atender: en Belice se puede apoyar a los niños de algunos orfanatos, en Costa Rica necesitan gente que ayude a conservar especies protegidas como las tortugas, en Guatemala se puede dar clases a niños en distintas áreas, en Ecuador hay proyectos para mejorar proyectos de salud y odontología. En fin. Existe un sinfín de planes de voluntariado alrededor del mundo.

Viajar así suele resultar un parteaguas de vida. Y es que enlistarse en un voluntariado permite aprender y replantear la forma y la filosofía de vida. Llena de energía, abre la mente a nuevas experiencias, culturas, formas de vida, y es una manera de volvernos mas humanos, sensibles y conscientes de lo que somos y de nuestro alrededor. Nos ayuda a salir de nuestro confort y cotidianeidad para poner la mirada en nuestro prójimo y darnos cuenta de lo afortunados que podemos ser cuando dando un poco de lo que tenemos hacemos felices a otros. Este tipo de experiencias nos acerca, nos hace mirarnos cara a cara, vernos en los ojos del otro y descubrir que somos iguales, que somos humanos.

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