Versalles: el palacio de palacios de Francia

Cada visita a la residencia de los reyes más famosos de Francia causa asombro por la suntuosidad de sus 2 mil 300 habitaciones y sus decenas de fuentes y jardines

Aún no sé si Versalles es el palacio de palacios de Francia por su elegante arquitectura barroca de dorados acentos o por sus infinitos jardines que absorben las tardes de quien los pasea. A menos de una hora de París, tomando el metro (RER) desde las estaciones Gare d’Austerlitz y Paris Saint-Lazare, el palacio se encuentra lo suficientemente lejos del bullicio de la capital, tal como lo quería la realeza tiempo atrás.

Fue el rey Luis XIV, a mediados del siglo 16, quien construiría Versalles con sus impresionantes 800 hectáreas. De entrada, la fachada principal me resultó tan apantallante como los diversos cuartos al interior, decorados en exquisitas telas y tapetes, miles de pinturas y coloridos frescos como los del Salón de la Guerra, que son parte del Gran Apartamento del Rey, y el de la Reina. Pero nada se compara con el Salón de los Espejos que hace honor a su nombre al estar prácticamente revestido de espejos, y que fue creado para maravillar a los visitantes de aquel entonces (¡y de hoy!). Años más tarde este gran salón sería lugar de eventos históricos como la firma del Tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra Mundial.

 

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Por los ventanales surgían vistas de postal hacia los estanques, las fuentes, los jardines y las arboladas veredas. Y una vez afuera, las escaleras me conducían al gran canal de agua, y más al fondo, al estanque del que surge Apolo y sus caballos tras vencer a los monstruos marinos. Fácilmente me perdía en la inmensidad del lugar, y topaba inesperadamente con el perfecto delineado del invernadero de naranjos, L’Orangerie, o con los trianones de mármol del dominio privado de Maria Antonieta, mientras imaginaba a la realeza usando grandes sombreros, elegantes trajes y amplios vestidos.

Entonces me sentía dichosa de gozar de estos lujos que tiempo atrás estaban reservados para muy pocos; ahora no me cabe duda por qué el Palacio de Versalles es Patrimonio de la Humanidad y recibe millones de visitas al año. Tres llevo yo, y creo que nunca acabaré de conocerlo.

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