Unidos por nuestra gente

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Hace unas semanas esperábamos el paso del huracán Patricia, el que se suponía sería el peor de la historia. Esperábamos una gran catástrofe. El mundo entero oró por México. En Guadalajara, una de las varias zonas en peligro, todos los habitantes tomamos precauciones.

Se estimaba la llegada del ojo del huracán entre Puerto Vallarta y Manzanillo, lugares muy queridos por los jaliscienses. Temíamos por el impacto que esto tendría en la industria del turismo, por lo que pudiera pasar en las propiedades que muchos tienen en las playas pero, sobre todo, por que los habitantes de todas las zonas amenazadas sufrieran el menor daño posible. El cariño y la solidaridad de la gente se evidenciaron, los lazos que nos unen a los mexicanos se hicieron más fuertes en el estado de emergencia. Todos unidos, pedimos por los pueblos de Vallarta y Manzanillo, así como por su bella gente.

Al día siguiente amanecimos con una sorpresa: el huracán había bajado de intensidad y los daños no fueron tan grandes como se esperaban. El poder de la oración de toda una nación unida, funcionó. Dios quiso protegernos y nuestra «Morenita» nos cobijó desde el cielo con su manto. Unos días después pasó algo inesperado: parecía que habíamos sorteado todas las dificultades, pero en el poblado de Cihuatlán, como consecuencia del paso del huracán, se desbordó el río Marabasco. Cientos de viviendas quedaron sumergidas bajo las aguas. Hubo grandes pérdidas para la comunidad.

Cihuatlán es un poblado cercano a Barra de Navidad donde solemos vacacionar varias familias de tapatíos. La noticia nos llenó de tristeza y se comenzó a hacer una recolecta de víveres, ropa, cobijas y dinero en efectivo para ayudar a cientos de personas que se quedaron sin nada. Las donaciones comenzaron a llegar y en unos días teníamos toda una oficina llena. Es muy conmovedor notar como en los momentos difíciles los mexicanos nos unimos más que nunca y tenemos las mejores intenciones de ayudar a los más necesitados. Incluso la aportación más pequeña se vuelve significativa. Al recibir las donaciones, las personas de Cihuatlán no cabían de felicidad y de agradecimiento, los niños emocionados de recibir juguetes, los adultos con la ropa y las despensas… Que gran satisfacción fue ayudar a iluminar los rostros de quienes lo habían perdido todo.

Esto es lo que nos toca hacer por nuestra gente: ayudar. Y no solo en las emergencias.

El paso del huracán Patricia por México nos dejó un gran aprendizaje: que los mexicanos unidos podemos lograr muchas cosas, que tenemos un corazón bondadoso que quiere dar. Que al organizarnos y apoyarnos entre nosotros podemos hacer una gran diferencia en las vidas de las personas que tienen menos recursos o que pasan por una dificultad.

Existe mucho por qué luchar en nuestro México. Es momento de pensar en los demás.

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