UNA TARDE ESPECIAL

Hace unos días fui testigo de una celebración muy especial: con motivo de las fiestas navideñas que se aproximan, Centro Comercial Andares tuvo la idea de invitar a treinta familias de la localidad tapatía de Mesa Colorada, a convivir con treinta familias elegidas al azar, quienes  fungirían como anfitriones para así disfrutar del inicio de las festividades de Navidad. Todo un evento, los invitados acompañados de sus niños de diferentes edades, fueron recibidos por personal del centro comercial y conducidos a desfilar en una alfombra roja hasta sus lugares, donde los anfitriones ya los esperaban. Con anterioridad se les hizo saber las edades de los niños con el objeto que estos recibieran regalos y detalles. 

¡Qué gozo ver las caritas de los niños, tanto de los invitados como de los anfitriones! ¡Todo era alegría y felicidad! Mientras tomaban sus lugares, los niños fueron trasladados a un lugar donde dibujaban y se conocían con sus compañeritos anfitriones. Los papás, a su vez, convivían con los otros papás, como si fueran grandes amigos. ¡Todo era cordialidad y alegría! Y por fin, empezó el espectáculo… ¡bailarines, malabaristas, música, desfiles, aplausos, globos, felicidad, sonrisas y gozo!

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No cabe duda que éstos son los detalles que lo hacen a uno sentir que vale la pena: regalar sonrisas, cariño, abrazos, y darnos cuenta que para esto sirve la vida. La vida es tratar de hacer felices a los demás, en la medida de las posibilidades de cada uno, porque la sonrisa de un niño, o de unos padres agradecidos, no tiene igual.

Para muchos decir festividades de Navidad significa compras, gastos, fiestas y en ocasiones regalar por compromiso, y lo curioso es que todos hemos vivido que alguna vez el regalo que con gusto dimos, fue reciclado y regalado más adelante; y si somos sinceros, tal vez nosotros también en ocasiones hemos regalado algo sólo por compromiso. Esta festividad a la que asistí fue una gran lección tanto para papás como para niños, porque enseñarlos a regalar y compartir y entender que no tiene caso tener un juguete más, que sólo quedará en algún rincón, cuando para otros niños, ese juguete representa un verdadero tesoro.

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Estamos viviendo tiempos difíciles y es momento de pensar en los demás, en las personas menos afortunadas que nosotros, momento de dar, de compartir, de desprendernos. Ojalá hagamos conciencia que con un detalle por demás intrascendente para nosotros, podemos hacer feliz a alguien más. Donemos cobijas, ropa que no utilizamos, porque hay muchas personas a las que hace falta, personas para quienes puede convertirse en su único abrigo. 

Hace poco me invitaron a participar en un proyecto que se realiza cada año y que consiste en llevar cenas de Navidad a colonias muy pobres, por 90 pesos cada cena. ¡Qué bien nos sentiríamos sabiendo que ayudando en la medida de nuestras posibilidades, y que tal vez no signifique mucho en nuestros bolsillos, puedas llevar ALEGRÍA a personas que también merecen disfrutar de una noche feliz! ¡Y poder decir FELIZ NAVIDAD! Desde adentro, desde el corazón, con la satisfacción de hacer felices a otros. 

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Ojalá hagamos conciencia de que unidos podemos; enseñemos a nuestras familias que hay cosas más importantes que una novedad intrascendente, un objeto más que no necesitamos, y que si eso lo donamos a quien de verdad lo necesita, entenderemos entonces el verdadero significado de FELICIDAD.

Valdría la pena reflexionar un poco sobre lo frágil que es la vida, y de cómo en un momento todo puede cambiar. Tratar de vivirla bien, con espíritu de servicio y con positivismo, agradeciendo y disfrutando cada momento, sabiendo que no somos mejores que nadie, solamente diferentes, que nuestra óptica vaya más allá de la mediocridad y encontremos el gozo de dar y provocar una sonrisa en las personas que nos rodean. Se puede y se debe. 

 

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