Una nueva oportunidad

Estoy sentada en el avión con rumbo a Puerto Vallarta, veo a mi izquierda a mi compañero de viaje y, de inmediato, viene a mi mente aquel día de hace dos años exactamente cuando sucedió algo que aún no he podido borrar.

Mi avión en el que hacía el mismo recorrido estuvo a punto de chocar con una avioneta, increíble pero así fue, y gracias a Dios y a la pericia del piloto al hacer un viraje forzoso, todo quedó en susto. Sin embargo, podría decir que este suceso cambió mi vida, o al menos eso he tratado.

Al principio no me asusté, y hasta comenté con mi compañero que nuestra vida podría haber terminado en ese momento, y lo hice de una manera muy tranquila. Mas al tocar tierra y escuchar por teléfono la voz de mi marido, mil cosas se agolparon en mi mente, al grado que inclusive me impedía caminar y, gracias a la ayuda de una persona desconocida que me tomó del brazo, pude recoger mi maleta.

¡Cómo he pensado en ese día! Yo, una enamorada de la vida, llena de planes y expectativas, pude haber terminado en ese momento así, en un instante con todo. Me he preguntado varias veces cuánto he dejado de hacer, cuántas cosas pude dar a los demás, a cuántos pude abrazar y recordarles que los quiero y mil y un detalles que me tomarían páginas y páginas enumerar. Pero sí aprendí, y aunque sigo en el aprendizaje diario, he cambiado mucho mi forma de pensar y de vivir.

Por lo pronto, me he reencontrado con amigas maravillosas con las que tengo mucho en común, amigas que sabía que estaban ahí, pero que por una cosa o por otra, no frecuentaba. Y vaya gozo con el que me encontré. Por otro lado, todas tenemos amistades a las que uno creía incondicionales y de pronto te das cuenta que no lo son, porque tal vez tu mismo no lo has merecido. Entonces, se da uno cuenta que es necesario depurar un poquito la agenda. Y he hecho nuevas amistades que me han aportado grandes momentos.

nuevas oportunidades, oportunidades, graciela pulido, andares

Trato de decirle a las personas que quiero, cuánto las quiero. Ya no me gusta dar por hecho que lo saben. Sí lo tengo que repetir, aunque en ocasiones parezca cursi, pues se los digo cuantas veces sea necesario. Estoy haciendo lo que más me gusta: escribiendo; no soy la mejor, pero intento hacerlo cada vez mejor. Disfruto la vida diariamente al máximo y disfruto esos detalles, por demás simples pero que hacen de un día toda una aventura.

Ya no limito mis locuras,  por el contrario, les doy rienda suelta, canto, bailo, río, hago travesuras, sigo llorando por todo lo que me conmueve, en una palabra todo lo hago al máximo, porque no sé cuándo llegue ese último momento.

Renglón aparte es mi familia, la maravillosa familia con la que Dios me premió, un marido como de cuento, que tiene la paciencia de soportar todo ese torbellino que le tocó por compañera, y a quien amo con toda el alma. Un hijo del que solo puedo sentirme orgullosa, la suerte de unos hijos heredados estupendos, nueras, nietos, cuñados, sobrinos, primos… en fin, una familia ideal.

Y mis maravillosos amigos… esos tienen un lugar muy especial en mi corazón, porque para mí son tremendamente importantes, amigos con quienes comparto mi día a día y a quienes quiero incondicionalmente, respeto y abrazo desde estas letras.

Me falta mucho por hacer, mucho por caminar, mucho por mejorar, pero hasta el día de hoy solo puedo decir: ¡gracias!, ¡gracias Dios por darme esta maravillosa vida de la que quiero hacerme merecedora y de la que me gustaría disfrutar todavía por un tiempo largo, tengo tanto por hacer!

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