Una influenza productiva

Hace unos días, ¡me detectaron influenza!  Lógicamente, mi primera reacción fue de mucha preocupación y de incertidumbre. Hasta llegué a pensar ¿y si hasta aquí llegué?  Sin embargo no me dejé llevar por el pánico, lo principal es actuar serenamente y medicarse de inmediato. La misma noche que me detectaron la enfermedad empecé mi tratamiento. Increíble, a las 24 horas mi mejoría era impactante. El dolor de mi cuerpo y mi cabeza había mejorado considerablemente y mi ánimo estaba bien. Mi obligación era quedarme en casa arropada para evitar una complicación, y reposar mucho, algo difícil para mi que soy hiperactiva, pero definitivamente algo que me fue de gran utilidad.
Siempre he pensado que todo tiene una bendición escondida y esta ocasión,  no fue la excepción. El primer día lógicamente no estaba en condiciones de leer así que opte por ver completos los partidos del Australian Open, que disfruté enormemente. Y como fueron pasando los días variaba entre series, una que otra película, y cuando pude leer pude terminar dos libros pendientes. Fue como una pequeña vacación.

graciela
Lo más  importante de estos días fue el día que decidí iniciar un declutter mental. Decidí sentarme, libreta en mano, a hacer ese acomodo mental tan necesario, ese que deberíamos hacer con cierta frecuencia y así limpiar nuestra mente de tanta basura que poco a poco vamos almacenando en nuestra cabeza: pensamientos negativos, resentimientos, tristezas inútiles, cosas que  solo estorban y que además no permiten que ideas o sentimientos nuevos vengan a nosotros. Esa introspección tan necesaria en nuestras vidas y que con tanta frecuencia postergamos. Tal vez porque no tenemos tiempo, o tal vez porque tememos que algo de lo que está ahí almacenado no nos guste, aunque definitivamente valga la pena. Cuando se tenga una duda de si algo está bien o no,  podemos ayudarnos de una libreta donde apuntar los pros y los contras de ese caso en especial, si vale la pena, pues adelante a guardarlo, si no vale la pena, a sacarlo definitivamente de nuestra mente.

Fue algo por demás reconfortante y a la vez interesante. Encontré cosas guardadas, cosas que ni recordaba que existían, cosas que alguna vez dolieron mucho, que ahí seguían sin ningún objeto, ocupando un lugar que ya no corresponde, ¡y las tiré! También encontré otras cosas divertidas, pero ya sin sentido y también tuvieron que salir. Pude darme cuenta de cosas que hago mal y de cómo debo enderezar el rumbo, a esas las puse especial atención. También dije adiós a personas con quienes ya no tengo relación, sin tristeza ni resentimiento, sino por el contrario con agradecimiento por haber estado en mi vida y haberme permitido estar en las de ellas reconociendo que los buenos tiempos terminan, y no pasa nada. Por otro lado, trate de acomodar muy bien a tantas otras a quienes tengo a mi alrededor y quienes merecen un lugar preferente y cómodo para poder tratarlas con el respeto y el cariño que se merecen. ¡Y son tantas! Por eso necesitaba espacio en mi cabeza.
Es una actividad difícil  y cuesta trabajo, y aún estoy en ello, falta mucho todavía. Los apegos, las suposiciones, las emociones incontroladas, caben tantas cosas en una mente pero vale la pena intentar hacer limpieza poco a poco. Viajar ligero de equipaje mental es una delicia, se los recomiendo ampliamente. Inténtenlo, no se arrepentirán.
Y todo esto no hubiera sido posible si no se me hubiera diagnosticado influenza. ¿La lección? Sí, todo tiene una bendición escondida.

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