Una ansiada corona

La belleza es un concepto que hasta ahora no se ha podido definir con total exactitud, pero muchos se han aproximado a su explicación con aspectos que hoy son conocidos por todos como la subjetividad que le es natural, los cánones socialmente establecidos, la influencia cultural, el momento histórico en el que se contempla, esa especie de éxtasis que se experimenta al percibirla, entre otros.

Una de las grandes contradicciones de la modernidad y, sobre todo, de los logros femeninos en la sociedad durante esta época, es la persistencia de los concursos de belleza. Para muchos, es una premiación que va en contra de los valores humanos, mientras que para otros sigue siendo un elemento que debe ser reconocido. Lo que sí es un hecho es que todavía mueve a las masas y genera grandes pasiones, en cuanto al fanatismo que se ha generado principalmente en América Latina; no en vano, esta parte geográfica es la potencia número uno en dichas contiendas.

Por su parte, del lado de la moda, no existe algo más alejado de su realidad que la estética que se maneja en estas competencias. Pocas son las ocasiones en las que se corresponde con la visión de esa gran industria del estilo. Las melenas leoninas, la extrema pedrería, las múltiples capas de maquillaje, las excesivas cirugías y demás, son parte de una concepción de la belleza que está pasada de moda, pero que sigue siendo el motor de estos acontecimientos especiales donde se espera elegir a la más hermosa.

A propósito del recién celebrado concurso Miss Universo, esta pequeña parte del imperio Trump consiguió una audiencia de millones de personas alrededor del planeta. Y hasta muchos de quienes opinamos que la existencia de estas competencias debería llegar a su fin, estuvimos sumamente pendientes de lo que acontecía en Doral Miami, desde las presentaciones preliminares hasta la noche del gran espectáculo, lo que reveló nuestro culposo placer de entretenernos y evaluar de manera personal a las chicas que se muestran en lo que consideran sus mejores galas, para exclamar ante el mundo “Yo soy de tal país y lo represento con mucho orgullo”.

Una hermosa colombiana que brindó una enredada respuesta ante la interrogante del jurado, se erigió como la más bella del universo, lo que sorprendió a casi todos los presentes en el lugar donde fue celebrado ese espectáculo, y también a los que comentaron tanto en redes sociales como en los medios de comunicación de formato tradicional, ya que durante toda la noche la representante de Jamaica demostró ser quien cumplía con los mayores requisitos para ser la ganadora. Sin embargo, quedó relegada al puesto de cuarta finalista.

Desde que inició la transmisión del programa –e incluso a partir de la llegada de las jóvenes participantes a la ciudad de Miami –, las redes sociales dejaban claro cómo la belleza puede generar desde la mayor solidaridad hacia las candidatas propias y ajenas, así como un sentimiento nacionalista manejado de la forma más negativa posible, aun cuando pocos tuvieron la oportunidad de estar cerca de ellas y mucho menos de evaluarlas de forma oficial para la selección definitiva. Muy pocos reconocieron objetivamente las bellas mujeres de otros países que cumplían con mayores requisitos que su representante.

Lo cierto es que de haber ganado Kaci Fennell de Jamaica, la apreciación de la belleza hubiese tomado un importante giro en la historia de los concursos, pues una mujer poseedora de una exótica hermosura, con una clase única, un garbo que hechizó a presentes y ausentes, además una corta cabellera, habría conseguido el reconocimiento de una estética que va más allá de lo que hasta ahora se acostumbra a imponer como la verdad absoluta de la beldad femenina, según estos certámenes, como primer paso para una evolución de lo que se considera como tal.

Pero tampoco conocemos qué ocurrió en los días previos, cuál fue el comportamiento de las participantes o lo que conversaron en privado con los jueces, además de lo que en el ámbito empresarial requiere para este año la compañía en la cual ahora la colombiana Paulina Vega estará trabajando como Miss Universo.

¿Mujeres hermosas en el concurso? Depende del observador, pero puedo decir que a simple vista la rusa Yulia Alipova reunía los requisitos básicos para ser una de las semifinalistas. Y hago mención por la frustración vivida al no tener la oportunidad de ver finalmente en escena un vestido de Alta Costura del gran Elie Saab, ya que esta chica portó uno en la semifinal y se esperaba vistiera otro de la misma firma durante la noche final.

Los seguidores de la moda continuaremos con el recuerdo de la japonesa Riyo Mori, quien al llevar un vestido Gucci, se coronó como Miss Universo 2007, precisamente en México. Esperaremos ver en la siguiente edición del certamen alguna referencia internacional del estilo de primer nivel.

 

 

 

 

 

 

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