Un final inesperado

Hace unas semanas despedíamos a Kelly Osbourne. Ahora hacemos lo propio con el resto del equipo de Fashion Police… Y es que para sorpresa de todos, se ha anunciado que el popular programa de televisión cierra un ciclo, y se especula que regresará este mismo año.

Esta desagradable noticia inunda los espacios de los medios de comunicación. Las especulaciones no se han hecho esperar. Pero más allá de sacar nuestras propias conclusiones, la realidad es que por ahora no tendremos la posibilidad de seguir disfrutando de los humorísticos comentarios de estos personajes, a quienes acostumbrábamos a recibir gustosamente en casa por la vía televisiva.

Claro está que Fashion Police sin Joan Rivers no era lo mismo; a ella se le perdonaba todo tipo de crítica porque se había ganado un lugar especial en nuestros corazones. Era casi la única persona que gozaba de una especie de salvoconducto para ser aceptada, aun cuando llegara a expresarse de manera peyorativa de nuestras celebridades favoritas, por esa gracia tan especial que la caracterizaba.

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El hecho de que, tras su fallecimiento, la señora Rivers fuera reemplazada implicaba una titánica labor por parte de los productores, de encontrar quién pudiera llenar ese vacío tan grande que dejó en la pantalla chica. La opción más adecuada para ellos fue la también comediante Kathy Griffin. Fue aceptada pero no consiguió enamorarnos como lo hizo su antecesora y ahora, decide partir…

Al parecer, la severa crítica hecha por Giuliana Rancic sobre la cantante Zendaya, fue la causa de la intempestiva salida de Kelly Osbourne del programa, pero no sabemos a ciencia cierta si ese fue el verdadero motivo. Lo cierto es que los hilos se movieron y acto seguido, Griffin abandonó el barco. Seguidamente, el canal anunció que por un tiempo, no podremos entretenernos con ese formato de gran éxito en términos de niveles de audiencia.

Los lastimados somos los millones de espectadores que habíamos encontrado en Fashion Police una exquisita diversión y en sus conductores, una suerte de portavoces de las opiniones de casi todos nosotros. Pero la crítica –incluso la proveniente de autoridades entendidas en el tema– es difícil de digerir, y si no provenía de Rivers, el asunto era más complicado.

Un enredado panorama eclipsa nuestros próximos días, aunque no perdemos la esperanza de que los altos ejecutivos de la televisión que bien conocen el negocio masivo de los productos culturales, hallen definitivamente una salida para satisfacer nuestras necesidades de entretenimiento, signadas por el humor que descifra los códigos del estilo de los nombres más conocidos del espectáculo. Mientras tanto, estaremos pendientes de las medidas que se tomen al respecto, con la ilusión de recibir nuevamente la transmisión de nuestro programa consentido…

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