Ulises González: Plástica cubana con acento mexicano

El artista plástico Ulises González nació en Cuba, pero ya es mexicano, y aún más, tapatío por convicción. Entre los 27 y los 48 años, ha afianzado en México una sólida carrera como pintor y ha desarrollado un inmenso apego a lo que nuestro país representa, si bien, Cuba sigue viva en él, latente en su memoria y en sus expresiones.

El artista nos recibió en el jardín del hogar y estudio que él mismo ha diseñado durante el último año, en una finca de los años 60 que se transforma día a día, muro por muro, con sus ideas. Los detalles de esta nueva casa son buen pretexto para iniciar una charla en torno a su obra y su paso de La Habana a Guadalajara, con una escala en la Ciudad de México.

Con una casa así te anclas de lleno en la ciudad…

Tengo 20 años aquí, creo que me anclé hace tiempo, pero con un espacio propio sientes que llegas a tu lugar.

¿Cuando llegaste a México, sabías que te quedarías?

No, yo venía a México por un mes.

¿Estabas bien en Cuba?

No pensaba irme de Cuba. Fue una situación que se dio sola. En 1991 Cuba abrió las puertas y todos los países te daban visa. Me invitaron a exponer en la Ciudad de México, pedí una prórroga para quedarme un mes más y mi estancia se fue alargando. México te enamora.

Supongo que al inicio te preguntaste “¿qué pasa con este caos?”

Es un momento difícil en que dices “¿cómo voy a vivir?”; como artista, es duro llegar a un país y darte a conocer nada más con tus cuadros. En esa época no podías sacar ni un peso de Cuba.

¿Tenías algún contacto en el país?

Un amigo me dijo “llegas a mi casa”. Luego vine a Guadalajara porque acá estaba otro amigo y la ciudad me pareció encantadora. Decidí estar otros seis meses en la Ciudad de México y de ahí viajé a Guadalajara.

¿Cómo entraste al mundo del arte aquí?

Cuando llegué a Guadalajara visité las galerías que en esa época existían en la ciudad. En la galería Alejandro Gallo, una de las galerías con renombre internacional en aquellos tiempos, pude ver unas obras de Alejandro Colunga y me encantaron. Busqué a Alejandro y le dije “quiero trabajar con tu galería”; lo llevé a mi estudio, le enseñé lo que tenía y de inmediato me invitó a exponer. Trabajé con él unos tres años. La primera que me compró un cuadro fue Chalita y luego Olivia Aldrete.

¿Para esa fecha ya te habías convencido que podías vivir del arte?

Eso de que todo lo vas haciendo con la mente es real. Siempre pensé que iba a vivir del arte y no claudiqué, aunque, por supuesto, algunas veces he tenido dudas. Hay veces en las que nada de lo que haces te llena, piensas que la obra que has hecho no es importante.

¿Tienes obra que corresponda a esos momentos de duda?

Sí. Recientemente renové mi página web y volví a ver obra de cuando comencé. Hay cosas que siempre rechacé y al verlas otra vez, recapacité y dije “¿por qué las tapé? Son mucho mejor que todo lo que he hecho”.

¿Cuáles han sido tus influencias?

Tuve una influencia muy fuerte del artista cubano Gustavo Acosta quien, a su vez, tenía una influencia marcada del pintor alemán Anselm Kiefer. Otro artista cubano que ha influido en mi obra es Servando Cabrera Moreno; en mi casa había cuadros de él, eran piezas muy eróticas.

Cuando llegué a México, mi obra se hizo muy colorida y tomó muchos elementos de la cultura popular mexicana, como la religiosidad y los retablos. De los cuadros que hice en esa época, me compraron el príncipe Egon von Fürstenberg, la galería Claude Bernard de París y los Stefan [la cantante Gloria Stefan y su esposo, Emilio]

¿Hay nostalgia por Cuba en tu trabajo?

Sí. De la etapa en la que me influyó mucho la cultura mexicana, hay un cuadro muy importante que se titula No me olvides. Era una bandera cubana rodeada de “no me olvides”. En Cuba tengo muchas cosas que quiero, un hermano y una hermana que adoro, una tía y primos. Mis papás murieron, pero conservo mucha gente querida en mi país.

Supongo que después vino una etapa en la que México dejó de ser tan explícito en tu obra. De un tiempo para acá mi obra tiene un estilo más “personal”.

Soy muy inculto en cuanto al arte, porque no soy lector apasionado ni cinéfilo; soy una persona común que hace arte.

¿Además de las artes plásticas, tienes otras inquietudes artísticas?

Me gusta escribir; me gusta mucho la poesía y mi obra tiene toda esa carga emocional y apasionada que pueden tener un poeta o un escritor.

¿Cómo te sientes en tu casa?

Es muy rico comprar tu espacio en una zona que te gusta. Sé que toda esta colonia [Jardines del Bosque] fue trazada por Barragán, un arquitecto al que admiro.

Esta casa es de la década de 1960 y me recuerda muchas cosas de Cuba. Además, poderla adaptar a mi gusto, ha sido un plus. La arquitectura es como los vinos y las personas; con el tiempo adquiere un encanto adicional.

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