TIEMPO DE LUZ

Foto: Josh Boot | @joshboot

Llega diciembre en medio del ruido y el caos de la vida cotidiana. Es fácil, por lo tanto, que entre el trabajo, las labores diarias y las compras de los regalos no nos quede tiempo para lo que debería ser lo mas importante en esta época navideña: la reflexión, algo que debería ser natural del último mes del año, el mes en el que vemos culminar historias y cerrar ciclos.

Hagamos un espacio para reflexionar, valdrá la pena. Es un ejercicio necesario. Basta hacer un recuento de lo vivido y lo aprendido para extendernos a nosotros mismos una invitación a depurarnos y así comenzar el año que viene con nuevos bríos, nuevas metas y con las mejores intenciones. Y qué mejor que hacerlo en el marco del 25 de diciembre, la fecha mas especial del año, el día en que festejamos el nacimiento de quien vino a traernos un gran mensaje de amor y de esperanza. El nacimiento de Cristo es una luz que iluminó nuestros caminos y cambió el rumbo de la humanidad. Hay un antes y un después de él. Un después donde se instauró la luz en el mundo. El nacimiento de Jesús afectó a todos los hombres de todos los tiempos.

Esta fecha tan especial nos debe llevar a meditar sobre nuestras vidas, nuestros caminos y nuestra misión. Es reflexionando acerca de las enseñanzas que nos trajo ese pequeño niño que podemos encontrar el camino hacia la felicidad.

La pobreza y la humildad de aquel viejo pesebre en el que nació debe recordarnos que él no pone su esperanza en las riquezas materiales de este mundo sino en algo mucho más sublime… en Dios. Esa pureza del alma es un reflejo de la Sagrada Familia. Nos enseña que la inocencia de un corazón bondadoso traerá mas frutos a nuestras vidas que la búsqueda de placeres por avaricia. Eso solo satisface nuestros sentidos un momento, pero nos deja con un gran vacío interno después de un tiempo. Por el contrario, los frutos de un corazón bondadoso son infinitos; traen alegría a nuestras vidas y a nuestro corazón.

El que Jesús nos trajo es un mensaje de paz. Con su sabiduría infinita nos mostró el secreto de la felicidad: tener una mente tranquila, vivir en armonía con uno mismo y con Dios. Es un regalo que no tiene precio.

Este cierre de año debemos reflexionar sobre estos mensajes que parecen simples, pero que tienen gran sustancia. Debemos tener claro que la felicidad la encuentran los corazones puros y bondadosos que buscan en su interior una conexión profunda con Dios y no los que se aferran a deseos temporales.

Dediquemos este diciembre a procurar nuestra paz interior y dejemos que sea ese sentimiento el que nos acompañe en nuestro camino durante todo el próximo año. Teniendo paz, el ruido y el caos de la vida diaria no penetrarán en nuestra alma. Nuestro interior estará en calma, lleno de luz y de felicidad.

¡Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de luz y paz!

 

 

 

 

 

 

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