THESE BOOTS ARE MADE FOR WALKIN’

Estoy segura de que cuando Marylin Monroe dijo aquello de «dale a una chica los zapatos correctos y conquistará el mundo» no se refería a unas Dr. Martens. Pero no importa. La magia de la relatividad y el hecho de que en gustos se rompen géneros, permite que la frase aplique también a mis botas negras.

Altas, casi a la rodilla, causan alarma entre los guardias de los aeropuertos que piden que te quites el calzado en el área de seguridad. Luego puedo ver que respiran con alivio cuando notan que tienen un cierre lateral y que no me tardaré horas en quitarlas y ponerlas, obstruyendo la fila. Aunque no lo parece, son muy prácticas para viajar.

Llegaron a mí una tarde de 2008 o 2009, no lo recuerdo con claridad. Lo que sí sé es que estaba caminando por la 5ta avenida. Estaba con mi tía P. en Nueva York celebrando que había vencido al cáncer (por entonces no sabíamos que volvería) y decidimos ir de compras. Ella buscaba unos zapatos y yo, que sólo la acompañaba para opinar, terminé encontrándome con el que sería mi par de botas favorito hasta hoy. Las vi en el aparador y, cuando las pedí, me dijeron que eran las únicas que habían… y eran una edición especial… y eran de mi número… y tenían descuento. No cabe duda de que lo que nos pertenece sólo está por ahí esperando a que lo encontremos…

Durante los seis o siete años que me han pertenecido, han ido conmigo a Francia, España, Guatemala, Estados Unidos y China, sólo por mencionar algunos destinos. Me han ayudado a caminar sobre la Muralla china, los empedrados de San Miguel de Allende y el asfalto frío de las noches de Londres y París. Se han vuelto mis incondicionales compañeras de aventura.

Sólo a veces, cuando no estoy absorta en lo que me rodea, recuerdo tomarles una foto para tener un testigo de nuestros viajes. Me gusta documentarlas. Y es que me parecen el ejemplo ideal de lo importante que se vuelven los objetos que nos acompañan en nuestras travesías. Hay que pensarlo bien: de todo lo que nos rodea, sólo podemos elegir unas pocas cosas que guardar en la maleta. El abrigo, el vestido, el sombrero… todo se vuelve sumamente importante cuando estamos en otra parte del mundo sin más piezas que las que hemos decido cargar para revelar nuestra identidad al mundo. Llevamos con nosotros lo que más nos significa. Yo elijo, por eso, llevarlas siempre a donde voy, porque —además de que son cómodas y de que pese al paso de los años basta una boleada para que vuelvan a verse como nuevas—compartimos rasgos importantes de identidad: somos citadinas que se han vuelto todoterreno y que, cuando de descubrir nuevos caminos se trata, no están dispuestas a parar.

These boots are made for walking and that’s just what they’ll do!

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