¡Soy una mamá millennial!

Ser madre definitivamente ha sido una de las experiencias más hermosas y satisfactorias, pero al mismo tiempo más difíciles que he tenido en mi vida.

En realidad todo mi embarazo fue maravilloso, llevé una vida normal, sin achaques, trabajando hasta el último momento. Me preparé en todos los sentidos para la llegada de mi bebé, hice todo lo que estuvo en mis manos para recibirla de la mejor manera posible y para que desde su primer segundo de vida fuera perfecto.

Pero en lo que nunca pensé fue en lo que vendría después, una vez que mi Martina llegara a nuestras vidas. Todo mundo me decía: “Duerme lo más que puedas”, “Te va a cambiar la vida por completo”, “Aprovecha que todavía tienes vida propia”, “Sal lo más que puedas con tu esposo, porque después no vas a poder”, y yo nada más los oía (digo los oía porque realmente hice caso omiso, ya que nunca pensé que me fuera a pasar a mi), yo siempre dije: “Ella va a venir a acoplarse a nuestras vidas, no nosotros a la de ella”, jajaja pero ¡Oh SORPRESA!, todo lo que me dijeron fue real, todavía no tenía ni un día de haber nacido mi bebe y mi vida ya había dado un giro de 180 grados, mi vida había cambiado por completo.

Contenido Relacionado

El parto humanizado
Conciencia digital

Si le preguntan a otras mamás, si su primer mes fue difícil y te dice que no, ¡MIENTE!, cuando tienes un bebé, tu mundo tal y como lo conoces, desaparece. Ya nada vuelve a ser igual, jamás volverás a ser tú, o tú y tu esposo, simplemente pasas a un segundo o hasta tercer plano, ahora tu única prioridad es tu bebé y sus necesidades.

La verdad es que para mí fue muy difícil asimilar que ya era mamá, que ya no sólo era yo, y que ahora tenía a una personita en mi vida que dependía al 100% de mí y que ya era para toda la vida. Mi primer mes como mamá la verdad es que fue muy fuerte, entre los cambios hormonales, la cuarentena guardada en la casa sin salir (Porque obvio mi mamá, mi suegra y mi abuelita no me dejaban que anduviera del tingo al tango), conociendo a mi bebé, aprendiendo a ser mamá, honestamente me sentía extraña, no me sentía yo misma, no me reconocía (Pensándolo bien creo que si me dio un poco de depresión posparto jajaja y según yo no me había dado nada).

Aquí entre nos, la verdad es que lo que pasaba por mi mente era: “¿En qué me metí?”, “¿Dónde puedo regresar a mi bebé?” (Ahora me siento mal por tener esos pensamientos pero les aseguro que a más de una mamá le ha pasado por la cabeza). Ya no tenía vida propia, y yo pensaba que mi vida jamás volvería a ser como antes (Que a decir verdad hasta la fecha no ha regresado a lo que era antes) o por lo menos que volviera un poco a la “Normalidad”; pero conforme pasa el tiempo me he dado cuenta que todo esto que pasaba por mi mente era solo cuestión de tiempo, de acoplarnos, conocernos y reconocernos mutuamente.

Al final de cuentas el día de hoy les puedo decir que mi vida desde que llegó Martina no ha sido nada parecido a lo que era antes, ya no puedo pensar en salir como si nada de mi casa, ya es más complicado salir en las noches con mi esposo, ni se diga ir de compras o salir a pasear, ir a hacerme mis chiqueos. Todo se ha vuelto mucho más complicado porque ahora mi gorda me consume el 99% de mi tiempo, de mi mente, de mi energía, porque todo lo que quiero hacer ahora es pensando siempre primero en mi bebé.

Les doy un ejemplo, este verano decidimos ir de vacaciones con la familia a Estados Unidos a “descansar” y a hacer un poco de shopping, claro está que no descansé un segundo y ya no puedo ir de compras como era antes, porque antes solo me importaba lo que yo quería y lo que yo necesitaba, pero ahora todo esto ha pasado a un segundo plano, pero ¿saben qué?, eso no me importa, porque ya pensé en mí y fui solo yo durante 30 años, y ahora soy feliz de invertir todo mi tiempo y dinero en mi gorda, porque ella se ha convertido en mi prioridad, en mi todo, en mi razón y motivo para salir adelante.

Ella es nuestro proyecto más importante y al que más tiempo queremos dedicarle, porque desde el primer momento en que la tuve en mis brazos, en mi pecho supe que esto era para toda la vida, y me prometí a mí misma hacer todo lo posible para hacerla feliz todos los días de su vida.

Y que aunque es un trabajo exhaustivo, poco valorado, un trabajo 24/7, en donde no hay días de descanso, en donde hay días en los que ya no puedes más, de repente volteas y no hay mayor satisfacción que verla atacarse de la risa, verla cantar, ver cómo baila, verla sonreír con esa mirada pícara, verla como todos los días hace algo nuevo, ver cómo poco a poco va descubriendo al mundo, como es tan viva, tan observadora, tan encantadora, tan enojona, ver como desde chiquita tiene carácter, ver cómo crece y se desarrolla tan rápido.

Aún no puedo creer que ya haya pasado un año desde la primera vez que la vi. Ella es la mujer que me ha hecho crecer, aprender, creer en mí misma, sacar esos SÚPER PODERES y habilidades que jamás hubiera pensado que tenía. Simplemente por esto y mucho más (porque la lista no terminaría) es lo que hace que todo valga la pena, y que aunque mis prioridades han cambiado y mi vida ya no es la misma, definitivamente ser madre es lo mejor, en verdad lo mejor que me ha pasado en la vida.

¡Que tengan bonito día!

 

 

 

  • Comparte en:

Comments are closed.