Sobre los códigos del vestir

 

Mucho hablamos acerca de lo que es tendencia en un momento determinado. Y nosotros, desde el seno de las publicaciones, damos difusión de lo que muchos creen que son dictámenes de las grandes firmas y diseñadores, tanto nacionales como internacionales e incluso, realizamos propuestas desde nuestras trincheras. Pero si hacemos hincapié en lo que verdaderamente significa el llamado buen vestir, tendríamos que hacer una revisión más exhaustiva de las relativas “reglas” que marca la industria.

Para ser honestos, y sin hablar de algún secreto, la moda no es más que una pauta pero no necesariamente una norma. Para adoptarla es necesario adaptarla, de acuerdo con nuestros gustos, ritmo de vida, estado de ánimo e interés particular, ya que al decidir individualmente qué prendas usaremos en nuestra cotidianidad, comúnmente vamos más allá de tales parámetros; en muchas ocasiones los saltamos y en la mayor parte de los casos, no analizamos detenidamente cada atuendo como si se tratara de un estilismo de moda para una pasarela o revista. Nos mueven otras cosas que si bien las marcas destacadas son expertas en conocerlas y brindarlas, no siempre entran en el juego de la elección personal.

¿Quién no sueña con lucir impecable como el eterno ejemplo de Carolina Herrera, que en todo momento aparece en escena vestida a la perfección? Pero no únicamente se trata de contar con los recursos necesarios para acceder a las prendas de primer nivel, o tener a cargo de nuestra imagen a un experto estilista o consultor que esté siempre listo para atender a eso que proyectamos; la vida cotidiana no se trata de eso… ¿Quién no ha caído en un gran error de la moda, si hasta las más rutilantes estrellas cinematográficas han llegado a cometerlo? Y eso que detrás de ellas hay un gran aparataje conformado por especialistas para servirles en ese tema.

Tampoco se trata de que nunca logremos un acierto estilístico, sino que a partir de lo que la moda nos brinda (muy bien se llaman “propuestas”), podamos jugar y cumplir con nuestra necesidad más básica de protección, además de no romper las reglas sociales y morales, y expresarnos libremente. Más allá de eso, no existe un pecado real en el vestir…

Son tantos los factores influyentes que ni siquiera los propios estilistas de moda lo consiguen en sí mismos en un 100% de las ocasiones. Pero claro está que se trata de un anhelo y quien lo logra será admirado, pero el respeto debe provenir de otro tipo de consideraciones como las actitudes, los valores y el comportamiento social.

Juguemos a la moda pero mantengamos firme la línea de respeto que es lo verdaderamente esencial para cumplir con los demás y con nosotros mismos, como seres humanos, ciudadanos responsables y seres partícipes del devenir social.

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