Ser viejo

A pesar de mis años, siempre me he considerado una persona joven. Tal vez lo heredé de mi padre quién, hasta el último de sus días, fue joven. Tuvo una vida, un ánimo y una mente de joven. Nunca lo escuché decir “ya estoy viejo”, a pesar de sus 81 años su ánimo y su alegría lo acompañaron siempre.

Sin embargo, últimamente en repetidas ocasiones me encuentro  esperando en algún lugar a que me atiendan, me cedan el asiento  o me dejen pasar antes. Lógicamente me hizo pensar ” ya estás mayorcita”, “ya se notan más los años”, “ya eres vieja”. Y reflexionando,  me di cuenta que  la palabra “viejo” o “vieja” no es una palabra que esté en mi vocabulario JAMÁS. Todavía cuando voy de compras y me pruebo algo me digo: “esto no me gusta, parezco señora” y claro que soy una señora que rebasa los 60, pero afortunadamente tengo la idea que aún soy joven.

La juventud no está en el número de años que tenemos, la juventud está en nuestra mente. Todos conocemos jóvenes ancianos, y ancianos jóvenes. La juventud es un gran regalo que se nos ha dado y que sin importar los años debemos aprovechar.

saltar la cuerda

Ser jóvenes de espíritu, llevar el animo y la alegría por dentro, la música, los deseos, las expectativas. En ocasiones gastamos fortunas en querer ocultar las arrugas externas y se nos olvidan las arrugas del alma, esas que nos quitan ilusiones y nos hacen lamentarnos de todo. Despertamos y pensamos en qué dolor vamos a tener hoy, y cómo lo vamos a platicar, repetimos sin cansancio “es que ya estoy viejo(a)”, “es que me canso mucho”, “es que yo ya no tengo ánimos para esto o lo otro”. Nuestra mente es una esponja que si se acostumbra a escuchar estas cosas lógicamente hará  todo lo posible por que suceda.

Para un joven, alguien de 25 ya es viejo, ¡y no digamos alguien de 50!, pero para uno de 60 una persona de 80 ya no le parece tan viejo. En 1900 la expectativa de vida eran los 47 y en el siglo XX cambió a 74, se espera que en este siglo XXI rebase los 100 años.

La edad no son sólo números, la edad es primeramente experiencia, sabiduría, aprendizaje. Y una parte muy importante son los recuerdos. Todos hemos tenido altas y bajas y podríamos recordar tiempos difíciles, pero también es bueno recordar cómo salimos adelante de esos malos momentos, cómo seguiremos pensando en el futuro, en un futuro que definitivamente tenemos que hacer nosotros, porque el día a día únicamente es nuestro. No depende de nadie ni de nada, es cómo resolvamos las cosas, es ocuparse no preocuparse, es no perder el tiempo pensando en lo que pudo ser, o pude hacer, es decir: voy a hacer esto y hacerlo.

vejez

No deberíamos volvernos viejos demasiado pronto, a la edad que sea podemos crecer y cambiar lo que no nos está funcionado. Mientras tengamos vida podemos mejorar. Si nos hemos equivocado podemos corregir. ¿Cuántas ocasiones nos hemos enterado de una persona mayor que terminó la preparatoria?, ¿o la señora muy mayor que toma clases de cocina?, ¿y de baile?, ¿y personas que a los 70 toman clase de historia, porque quieren seguir aprendiendo o recordando lo que ya habían aprendido?.  Volverse viejo es cuando tus ojos dejan de brillar porque no tienes la capacidad de emocionarte al mirar a tu alrededor y descubrir una flor, una nube multiforme, un atardecer o ver correr por un cristal las gotas de lluvia. Cuando te estancas con tus ideas de antaño y no quieres cambiar de opinión sobre algo en años, estás viejo. Si no caminas al ritmo del tiempo, estás viejo. Debemos caminar con los tiempos y así tener una vida plena.

Y algo muy importante, no tener miedo de intentar cosas nuevas, aunque te digan que ya estás viejo para algo, no dejes de intentarlo. Vive, ríe, canta, baila, abraza, disfruta, se feliz. Porque la vida es un gran regalo y la vejez es sólo una palabra, no una actitud.

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