Rumania a finales de septiembre

Por fin dejó de llover. Hoy en Cluj-Napoca el agua cayó en chispeos constantes e itermitentes desde la mañana. La temperatura bajó y ya no hay días de 30, sino de 11 grados que irán haciéndose cada vez menos. Desde donde estoy puedo sentir el olor a tierra mojada que entra por la ventana mezclarse con el del café que preparo para reconfortarme hoy que fue un día de paraguas y abrigo tal como serán todos los que sigan hasta que la primavera llegue de nuevo por estos lares. Se acabó septiembre, se acabó el verano y en un par de días yo haré mi maleta para ir a París y luego, pasados unos días más, volar de regreso a México.

Este que he pasado en Rumania ha sido un mes peculiar. Los detalles robarían demasiado espacio. Basta con decir que ha sido, al menos en lo que recuerdo, el septiembre en el que más he celebrado no sólo a México, sino a mi propia mexicanidad. Quizá sea un efecto de la distancia, aunque no podría asegurarlo; ya he pasado muchas fiestas patrias fuera del país. Quizá es eso y un poco más: la distancia sumada a la actualidad nacional, tan negativa como aparece en las noticias y tan positiva como probamos que aún es con nuestra edición Hecho en México Vol. II; eso y que después de un par de meses ya me dan ganas de estar en casa.

A lo anterior agrego que, luego de años sin aparecerme en una «noche mexicana» o de siquiera ver el famoso grito del presidente en la televisión, esta vez en Rumania celebré de una manera inolvidable. La fiesta, para mí, comenzó a finales de agosto cuando mi amiga K. (quien por sólo unos días más habitará en Cluj-Napoca y con quien desde otros tiempos he tenido el placer de viajar por diferentes partes del mundo) me dijo que estábamos invitadas a la fiesta de la Independencia celebrada por la embajada de México en Rumania. Adicional a eso, también podríamos ir a un recital dentro de la Biblioteca Nacional de Rumania en el que la voz de la soprano mexicana Patricia Santos —ganadora del reality show Ópera Prima en 2010— y el talento del pianista rumano Lucian Dușa cerrarían una noche dedicada a la conmemoración del 80 aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

La gran sorpresa fue que el viaje de Cluj-Napoca hacia Bucarest —donde se llevaron a cabo los eventos— lo hicimos a manera de breve road trip nada más y nada menos que con los protagonistas del recital. El pianista al volante, tres mexicanas en el asiento de atrás y como copiloto un médico rumano: la razón por la que Patricia Santos vive ahora a casi 11 mil kilómetros de su natal Monterrey. «Cuando me preguntan qué hago en Rumania, mi marido contesta de un modo muy simpático: “pues… ¡está aquí porque yo la traje!”. Es extraño que los mexicanos vengamos a vivir hasta esta parte de Europa. Nuestros primeros acercamientos con este continente suelen ser España, Italia o Francia por la cercanía cultural. En México sabemos poco de Rumania, pensamos en Nadia Comăneci y en vampiros… Yo estoy aquí por amor, porque conocí a un hombre muy especial que además comparte conmigo valores familiares tal y como los entendemos en México, y porque ahora él es mi familia».

En el camino paramos en una caseta a comprar algunas botanas para el resto del viaje (que dura aproximadamente unas seis horas). Patricia nos habla de sus experiencias en el mundo de la ópera, del reality show que ganó una vez y de cómo eso fue un catalizador para una carrera que ella ha amado desde siempre. Comenzó a estudiar canto desde los 15 años y hoy, 20 años después, puede contar que cantó en el Zócalo capitalino durante los festejos del Bicentenario, que fue una de las artistas que representó a nuestro país en el pabellón mexicano de la Exposición Universal de las Culturas en Shanghai y que se ha presentado en el teatro del Palacio de Bellas Artes.

Llegamos un día antes a Bucarest para que ambos músicos descansen antes del concierto. Mientras nos acomodamos en el departamento que rentamos cerca del barrio viejo, pienso en lo curioso que es para mí visitar la capital rumana por segunda vez. Por cierto, como casi todas las capitales del mundo, Bucarest es caótica y encantadora. Tras su predominante tranquilidad es difícil imaginar que, hace sólo 25 años, ahí se llevaba a cabo una revolución.

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La noche del concierto (un día antes de los festejos de independencia), Patricia y Lucian fueron el deleite de los invitados. El programa estuvo conformado por piezas rumanas y mexicanas. Después de los aplausos al final del concierto, un encore: México lindo y querido. Y entonces hubieron unas cuantas lágrimas. Los mexicanos residentes en Rumania no pudieron evitar el ataque de nostalgia. La interpretación fue tan emotiva que puedo decir de primera mano que ni los mexicanos que sólo estamos en Rumania de visita pudimos evitar la humedad en los ojos.

A esa noche exitosa siguió otra. Durante el festejo por la Independencia, en medio de antojitos mexicanos, tequila Patrón y cerveza Corona, el embajador, el Príncipe Paul-Philippe Hohenzollem de Rumania y la Princesa Madelaine de Bentheim y Steinfurt se acercaron a Patricia para felicitarla por su ejecución impecable. El talento mexicano no pasa desapercibido para nadie.

Al respecto, Patricia Santos comenta: «En lo profesional, me encuentro abriéndome camino aquí, tocando puertas como alguna vez ya hice en México», dejando claro que se encuentra abierta a realizar todas las audiciones que se requieran no sólo en Rumania sino en el resto de Europa. Sobre la noche del concierto y en cómo llegó a ella, dice: «Busqué contacto con la embajada y el embajador Agustín Gutiérrez Canet, quien es un hombre muy culto y quien tiene un gusto especial por la música clásica y la ópera, me abrió las puertas para participar en este concierto».

Seguro se abrirán más puertas muy pronto.

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Del viaje exprés a Bucarest han pasado ya dos semanas. Los días de sol se han terminado en Cluj. Yo acabo este texto despidiéndome de la ciudad que es considerada la capital histórica de Transilvania. Se terminó septiembre y en este momento, afuera, vuelve a llover.

 

Un minuto en Bucarest II (y unos segundos más). from Mónica Isabel Pérez on Vimeo.

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