Respira, relájate y evita el burn out

En la actualidad, y para muchas personas, la productividad laboral está ligada al exceso de horas de trabajo, la resistencia a la presión y un margen amplísimo de tolerancia a la frustración. Ser competitivo y demostrar nuestras capacidades –con el fin de convertirnos en profesionales destacados, exitosos– se ha convertido en una carrera contra nuestra propia calidad de vida.

No obstante, es el cuerpo el que resiente los efectos de esto a mediano y largo plazo, y pocas veces nos detenemos a tomar ese respiro que puede hacer la diferencia entre el óptimo desempeño y el burn out.

Te compartimos tres técnicas de relajación que puedes llevar a cabo sin que dejes de demostrar esa guerrera que eres en la oficina. Llévalos a cabo en casa o en ratos libres, y notarás cómo incrementará tu productividad y fluirás más ligero.

Respiración con el diafragma
El simple hecho de modificar el modo en el que respiramos hará que se desencadenen una serie de procesos en nuestro cuerpo que harán que la ansiedad disminuya significativamente. El objetivo de esta técnica, por ello, es hacer que aprendas a prestar atención a tu respiración y te entrenes para llegar a respirar de manera óptima, haciendo que el abdomen tenga más protagonismo que el pecho.

  • Túmbate en una superficie plana bocarriba y mantén una postura recta; relaja los músculos.
  • Pon la palma de una de tus manos sobre el pecho y la otra sobre tu abdomen. Durante 20 segundos, dirige tu atención hacia cómo la respiración hace que estas dos zonas se muevan.
  • El hecho de que el pecho se mueva mucho más que el abdomen es un signo de respiración superficial, que hace que muchas veces nos falte oxígeno, aunque no nos demos cuenta de ello.
  • Durante un mínimo de tres minutos, debes guiar tu respiración para hacer que la mano que reposa sobre el abdomen se mueva más que la que hay sobre el pecho. Para conseguirlo, inhala profundamente por la nariz durante unos cinco segundos y mantén el aire en la zona del vientre durante un par de segundos. Luego, exhala por la boca durante otros cinco segundos.

 

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Ejercicio de la relajación rápida
Esta técnica es extremadamente sencilla y está pensada para que la uses varias veces al día. Consiste, básicamente, en que cada vez que veas un objeto de tu elección, como un jarrón de flores de tu sala de estar o una figurilla decorativa, realices tres o cuatro respiraciones profundas seguidas mientras notas cómo se relajan todos tus músculos; conviene que durante el proceso centres tu atención en la respiración y no te distraigas. También puedes imaginar una escena relajante –una playa solitaria o un árbol pueden servir–.

Meditación
Necesitarás sentarte en una silla cómoda y empezar a seguir los pasos descritos en el ejercicio de respiración con el diafragma. A la vez que diriges la atención hacia la respiración, debes recitar mentalmente una frase como “me relajo”, “me calmo” o alguna otra que evoque la acción de dejar la ansiedad atrás. Puedes recitar esta frase al final de cada exhalación.

La meditación, además, brinda otros beneficios, como mejorar la capacidad de atención, así como la memoria y otras funciones cognitivas.

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