Recordando a Oscar de la Renta

La primera vez que leí sobre Oscar de la Renta fue en un libro de inglés de primaria. A mis 11 años, yo pensaba que todos los diseñadores de moda eran franceses y me sorprendió enterarme que alguien tan exitoso en la industria pudiera ser de origen latinoamericano.

El dominicano ha sido uno de los diseñadores más legendarios y relevantes de la segunda mitad del siglo XX. Ha logrado crear una fiel clientela y mantener una estética distintiva que es apreciada y elegida por todas las mujeres a las que viste que, incidentalmente, van desde celebridades hasta primeras damas.

Fue asistente de Cristóbal Balenciaga, de quien aprendió a construir vestidos de manera casi arquitectónica. Después se unió al equipo de Lanvin Couture, bajo la dirección creativa de Antonio del Castillo. Fundó su marca de Ready-To-Wear, aconsejado por Diana Vreeland y, por más de 10 años, estuvo a la cabeza de la colección de Alta Costura de Balmain.

El diseñador fue diagnosticado de cáncer en el 2006 y, finalmente, complicaciones de la enfermedad fueron las causantes de su muerte. Murió en su lugar favorito del mundo, su casa en Kent, Connecticut, al lado de su esposa Annette.

Oscar de la Renta es recordado por todos en la industria con gran afecto pues, sus más allegados amigos y todas las personas con las que tenía contacto, coinciden en su bondad y positivismo. Su energía y originalidad lo mantuvieron relevante por más de 50 años y sus creaciones han vestido a las mujeres más extraordinarias del mundo. Hay pocos diseñadores que dejan una marca y un legado tan grande. Tenemos suerte de haber vivido en la época en la que Oscar de la Renta nos deleitó con su talento.

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