Preocupándonos

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¿Cuándo fue la última vez que tuviste una hora totalmente libre de preocupaciones? Y al decir preocupaciones me refiero a la ansiedad de pensar en las cosas que tienes que hacer, los deberes por completar, la prisa por ir a pagar tu tarjeta o pensar que ojalá no te enfermes porque últimamente hay mucha gripe.

Lógicamente estamos destinados a preocuparnos por algo pero -en ocasiones- el pensar tanto en lo que tenemos que hacer, nos distrae del verdadero sentido de vivir el maravilloso día de hoy. Vivir es un regalo y, como tal, debemos tomarlo, aprender a vivir mejor, el preocuparnos no nos lleva a ninguna parte, nos desgasta y hasta nos enferma.

Hay cosas que tienen solución y está en nuestras manos si organizamos nuestro día, dándonos tiempos suficientes para realizar nuestro trabajo nos saldrá mejor que si queremos llenar nuestro día con demasiadas cosas, ya que de esta manera solo estaremos presionados, angustiados y no completaremos ni la mitad de lo que nos propusimos, causándonos mas preocupación. Por otro lado, cuando desafortunadamente las cosas no tienen solución aparente y no podemos hacer nada al respecto, el preocuparnos no ayuda en nada a resolverlo. Por el contrario, lo puede hacer mayor pues podemos enfermar.

Mi segunda pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una hora totalmente libre para ti? Con el gozo que lleva estar completamente solo con tu yo interno, tal vez planeando algo bello, riéndote de algo que te sucedió, disfrutando del libro que compraste hace tres meses y no has empezado o simplemente con una taza de café, viendo las flores de tu jardín. Disfrutando la maravillosa aventura de estar vivo, agradeciendo a Dios por todo lo que a diario recibes.

Regálate ese tiempo, disfrútalo y disfrútate. ¡Vales la pena!

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