Posada Corazón, un secreto que no quería revelar

Hay lugares que conozco por casualidad y cuya existencia me encantaría no revelarle a nadie. Pero luego pienso que muchos de esos secretos que voy poseyendo se los debo a personas generosas —o muy descuidadas— que, durante alguna conversación o ayudándome con indicaciones para encontrar algún sitio, termina por soltar un “y por ahí cerca hay un restaurante buenísimo”.

Fue justo eso lo que me pasó con Posada Corazón. Una noche, de visita en San Miguel de Allende —ciudad que muy orgullosa le presume a todos su primer lugar en la lista de las mejores ciudades del mundo según Condé Nast Traveler—, estaba con mis amigos Ari y Mateo tomando un té en el Café Rama (que tiene un chaï buenísimo), cuando lancé mi intención de ir al brunch del hotel Rosewood a la mañana siguiente. —¡No hagas eso!, me dijo como por instinto Mateo. Y luego titubeó un poco. Estoy segura de que no quería decirlo porque tardó unos segundos en seguir hablando. —Es que yo sé otro lugar que está buenísimo… y no hay tanta gente… y es más barato… y es orgánico… y yo llegué un día que en realidad me había perdido y pues no sé si les va a gustar, pero…

En fin. Después de una larga introducción, Mateo por fin reveló el nombre del sitio: Posada Corazón. Ni a Ari, quien vive ahí, ni a mi, que soy visita frecuente-pero-no-tanto, nos sonó a un ultrasecreto, porque sabíamos que muy cerca de la catedral de San Miguel, está la posadita. Claro, sabíamos que existía, pero nunca habíamos atravesado su pequeñísima puerta, así que ignorábamos su interior. Por otro lado asumíamos que todos los hoteles tienen restaurantes con menús de desayunos a los que los locales acostumbran ir, como Casa Carly, donde en un día normal te puedes encontrar a todo el crew del Festival Internacional de Cine de Guanajuato pidiendo huevos pochados. “Pero es que este es un secreto”, nos dijo Mateo en voz bajita para dejar claro que había un diferenciador.

Y vaya que si era algo digno de no revelar así nada más. Lo que encontramos en Posada Corazón no sólo fue un gran desayuno, sino un remanso de paz. Rituales desde el principio: los desayunos sólo son los fines de semana. Debes aparecer antes de las 12, tocar la puerta y por el interfón te preguntarán qué quieres. La respuesta es obvia, desayunar. ¿Cuántas personas? Y ya responderás las que sean. Si hay espacio, la puerta se abre, sino, tendrás que volver después, o al día siguiente o cuando ellos te digan.

Si entras, lo primero que verás es mucho verde. Te recibe el jardín de la posada. Luego de cruzarlo llegarás al restaurante: una casita de grandes ventanales que tiene una cocina abierta para que puedas ver todo lo que preparan con los ingredientes que obtienen de su huerto orgánico. A un lado y en la mini terraza, mesas llenas de comensales y también una sala con un piano y libros, muchos, muchos libros y de todo, ¡el paraíso!

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Los huevos en hoja santa son una maravilla: con la yema tiernita, envueltos en la hoja y cubiertos por una salsita roja que no pica, pero que tiene la tierna intención de hacerlo un poco. Frijoles recién hechos a un lado y un platito de fruta con tapioca para tener algo fresco. Cuestan 140 pesos y con ellos tienes, además, derecho a un café orgánico, jugo de naranja recién exprimido y a una mesa con extras para el desayuno que cuenta con una breve, pero bien pensada, oferta de quesos —de cabra, camembert, manchego y azul—, frutos secos, aceitunas, tamalitos de hoja santa, panes caseros y otros bocadillos que cambian según la temporada.

Es un lugar perfecto para sentarse a escribir, para pensar un rato o para charlar en uno de los sillones mullidos que hay cerca de la chimenea, con una vista a nada más que el verde de los árboles que rodean todo. En mi opinión, una nueva escala obligada de la abundante y trepidante oferta gastronómica de San Miguel de Allende, aunque no es alta cocina, aunque no la firma ningún chef, la cocina de esta posada brilla porque tiene una naturalidad que reconforta.

(Y perdona, Mateo, ¡pero es que no se le cuentan secretos nunca a un periodista!)

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