PISA: ÉPICA TORRE, JOYA TOSCANA

Después de subir los casi 300 escalones de la torre inclinada de Pisa, habrá que bajar para descubrir más de esta pequeña ciudad toscana repleta de mármol, jóvenes italianos y muchos recuerdos para llevar.

Emociona pararse frente a la Torre de Pisa que tantas veces había visto en fotografías, y mis expectativas no quedaron cortas, pues en realidad sus pisos de arcos y columnas parecen venirse abajo con el soplo del viento; de más de 58 metros de altura, es el campanario de la Catedral y ¡su inclinación no fue a propósito! Se debe a la naturaleza pantanosa del terreno; por ello es que se construyó en varias etapas alrededor del siglo 12, y fue sufriendo reparaciones con el tiempo.

Llegué a Pisa a medio día para visitar la Plaza de los Milagros o Plaza del Duomo –Patrimonio de la Humanidad–, donde se alzan hermosos edificios de mármol claro en una gran explanada: la Catedral de Pisa con una historia de más de mil años; el Baptisterio y su cúpula color arcilla, y por supuesto, la torre inclinada. También, pasé por el Cementerio monumental que contiene cientos de lápidas y muros cubiertos de frescos.

Caminé en ropas vaporosas por las calles empedradas del lugar que se atiborran de tiendas de souvenirs, mientras observaba a los turistas que tomaban fotografías empujando la torre, o se sentaban en los jardines bajo el ardiente sol.

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Mi curiosidad me llevó cuadras abajo a un restaurante de pizzas, donde me senté tras una gran ventana a ver pasar a jóvenes italianos que parecían regresar de clases, y escuché música de fondo de Andrea Bocelli (era de esperarse, pues aquí nació este famoso cantante).

Seguí mi camino entre bares, restaurantes y boutiques, cada vez más lejos del ajetreo turístico, hasta llegar a la Plaza del Caballero rodeada de edificios rectangulares en desgastados tonos amarillos y beige; luego, hacia el Ponte di Mezzo, que atraviesa en silencio el río Arno. Muy cerca encontré la Iglesia Santa Maria della Spina y la Iglesia de Santa Caterina, en que aprecié la arquitectura romana del siglo 12 y 13.

Aún así, mi mente no podía dejar de pensar en la torre inclinada cuando decidí regresar a sentarme a su lado y contemplarla un rato más. La leyenda cuenta que el mismo Galileo Galilei, nacido en esta ciudad – el aeropuerto de Pisa lleva su nombre–, llevó a cabo pruebas de física en que calculaba la relación de la masa y la velocidad lanzando bolas de cañón desde lo alto de la torre. Dicen también que Pisa fue fundada por los griegos, lo que sí es que antes se encontraba a orillas del mar por lo que fue ciudad defensiva y una de las cuatro repúblicas marítimas italianas.

Hoy día, se puede llegar a Pisa en menos de una hora en tren desde la ciudad de Florencia, y en poco más de dos horas desde Roma, la capital; otras rutas son desde Génova o Nápoles. También, es posible volar desde las ciudades principales de Italia, para ver la torre que las propias tierras de la región Toscana decidieron sería distinta a las demás y que, con el transcurso de las épocas, permanece heroicamente de pie frente a nuestros ojos.

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