Perder el tiempo

Días de lluvia y tardes grises, tiempo de pensar, meditar y recordar. Muchos dirían que eso es perder el tiempo sin embargo, ¿qué es perder el tiempo?

A diario escuchamos “Hay mucho que hacer”, “¡No pierdas el tiempo!”. Son frases trilladas que últimamente tenemos muy grabadas en la memoria. ¿Por qué siempre tenemos que andar de prisa?, correteando a la vida que nos ofrece momentos maravilloso que no vemos, ¡porque no tenemos tiempo!

Estamos olvidando el placer de pasar tiempo en compañía de nuestras personas queridas. Una tarde de cafecito, tequila o lo que más nos agrade, no importa lo que sea… y lo consideramos como una pérdida de tiempo. Incluso el tiempo para nosotros, como una tarde de lluvia, con un buen libro y la vida en paz, nos parece desperdiciar el tiempo.

El otro día, tomaba un delicioso té con una amiga, ella tiene muchas responsabilidades de trabajo a sus espaldas, pero tuvo el gran detalle de “perder” dos horas de su tiempo en una plática maravillosa e interesante que a las dos nos aportó un gran placer y varias ideas. Sí, es alguien muy ocupada pero se dio ese “tiempo” para disfrutarlo conmigo. No fue una pérdida de ninguna manera, sino un disfrute.

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Igual que se disfruta a la pareja, a los amigos, a la familia, ¡qué maravilla poder perder el tiempo de esa manera! Queda demostrado que no es perder el tiempo es ganar minutos a nuestra vida.

¿Y si medimos el tiempo que pasamos frente a uno de nuestros gadgets favoritos?, ya sea teléfono, tableta o cualquier otro enterándonos de los últimos chismes… ¿se considera también perder el tiempo? La medida que cada uno de nosotros usamos para medir nuestro tiempo es únicamente nuestra, así que con todo el derecho decidamos qué hacer con ese tiempo que a todos preocupa tanto.

¿Cuántas ideas han salido de un tiempo pasado con nosotros mismos?, pensando en cómo salir adelante de algún problema, o simplemente tomando la solución a algo que nos inquieta.

La vida actual nos exige más, pero precisamente por eso, debemos darle un descanso a nuestra cabeza, a nuestras ideas, para así desarrollarlas. Un rato de tranquilidad no nos hace perder nada, por el contrario, nos hace ganar en muchas otras cosas.

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Las pequeñas cosas

Cuando se tienen hijos pequeños, disfrutar jugando, inventando, riendo, compartiendo, son cosas que quedan plasmadas para toda la vida en su mente y en su corazón. Imagínate el orgullo de que tus hijos recuerden que “mi mamá jugaba conmigo y era muy divertida” o “mi mamá se sentaba a leer cuentos conmigo”.

¿Y qué tal ser partícipe de las grandes penas de los adolescentes en cosas de amores? Sentarse con ellos a escucharlos y aconsejarlos (aunque después hagan lo que ellos quieran) y hacerles saber que ahí estamos para ellos.
¿Y los proyectos, las alegrías, las tristezas, nos damos el tiempo de compartirlos?

Una película con la que lloramos irremediablemente, o nos carcajeamos hasta las lágrimas, ¿no creen que vale la pena compartirla en familia?

Tomarnos un tiempo con nuestra pareja, solos los dos, para poder compartir tantas cosas que guardamos en nuestro interior y que no expresamos, porque “no tenemos tiempo”. Y así hay tantas cosas que requieren de nuestra atención.

Ganemos tiempo en nuestras vidas tomando en cuenta los pequeños detalles que nos rodean. Detengámonos a observar tantas maravillas y por supuesto agradecer. La vida se va rápidamente y ojalá que cuando nuestro tiempo esté terminando podamos decir: ¡FUI FELIZ PERDIENDO EL TIEMPO! ¡Aprendí tanto!, ¡disfruté tanto!, ¡gocé tanto! Como diría Renato Leduc: “Sabia virtud de conocer el tiempo”.

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