MÓNICA ASHIDA: pasado y futuro

Por Elena Coll

Retrato: Ana Lorena Méndez | Fotografías de la exposición, Zugzwang, una Revisión de la Colección Carlos Ashida, presentada en el Museo Raúl Anguiano de junio a octubre de 2017 por Lari Corona.

En el más reciente número de A the Style Guide hicimos una revisión de la escena del arte contemporáneo en Guadalajara, una de las ciudades clave para el desarrollo cultural en México. Para empezar, hablamos con Mónica Ashida, coleccionista, investigadora y promotora de arte en Guadalajara, sobre su personal visión de la escena de la ciudad, el trabajo de la Colección Ashida Cueto y el Archivo Carlos Ashida.

¿Cuál dirías que es la principal característica de la escena?

En general, creo que la principal característica es que se mantienen las posiciones ganadas, sin generar un diálogo que pudiera fomentar la comunicación entre las partes y provocar un conocimiento —y en el mejor de los casos entendimiento— entre las facciones para lograr enriquecer la escena en su totalidad.

¿Qué cambios has notado en la escena del arte de Guadalajara en los últimos cinco años?

El principal cambio que veo se basa en una notable búsqueda de «seguridad». Es decir, las exposiciones más ambiciosas son por lo general provenientes de fuera, hay muy poca producción propia y los contenidos suelen ser de corte estilístico o estético, evitando los cuestionamientos o temas que pudieran desencadenar algún tipo de polémica.

Me parece también que se ha acrecentado la apuesta por artistas ya consolidados o extranjeros, teniendo pocos espacios los jóvenes artistas locales que empiezan a abrirse camino en el medio del arte.

En tu opinión, ¿cuáles crees que son las instituciones que están a la cabeza en la escena del arte en Guadalajara?

Por el lado de la institución pública, para mi gusto destacan el Museo de Arte de Zapopan, que mantiene un programa de exhibiciones de nivel internacional y ha logrado posicionarse como un punto de referencia del arte contemporáneo en la ciudad; y el Museo de la Ciudad, que ha abierto un importante canal a través de sus muestras y actividades para reflejar de manera amplia e interesante la escena local, tanto histórica como actual. En ambos casos el éxito se debe a una muy acertada visión por parte de sus directoras.

Y, siguiendo la pregunta anterior, ¿cuál es el papel de las galerías en esa escena?

La institución pública cuenta con un grupo de galerías que han logrado abrirse campo en ferias y colocar a sus artistas en exhibiciones internacionales, pero creo que son los espacios menos llamativos. Son especialmente los colectivos y artistas independientes los que están marcando la pauta y rompiendo paradigmas, creando intercambios y colaboraciones entre distintas disciplinas artísticas y artesanales como el Laboratorio Sensorial, Edificio Central, Elegante Vagancia, Taller Mexicanos de Gobelinos, el colectivo Arrogante Albino o artistas como Isa Carrillo, Claudia Cisneros, Florencia Guillén, Aristeo Mora, Carlos Maldonado, entre muchos más.

¿Consideras que hay una comunicación o interacción entre las instituciones de arte en Guadalajara y las comunidades locales que le rodean?

Creo que, como en la mayor parte del país, no existe mucha comunicación. Por lo general los programas institucionales cumplen con una visión arraigada desde hace décadas —con grandes excepciones por supuesto—, y la comunidad artística tiende a tratar de destruir y criticar a priori la mayoría de las iniciativas de cambio que pudieran surgir de ellas.

Por otro lado, actualmente existen muchos más apoyos por parte del estado, lo que ha beneficiado a un gran número de creadores no solo a nivel de producción artística sino también de gestión, divulgación e investigación —lo que equilibra un poco la balanza en el terreno de su comunicación con los creadores locales.

En el último año, ¿cuál ha sido la propuesta de arte contemporáneo que más te ha llamado la atención?

Me interesan especialmente las iniciativas entre literatura, artes escénicas y artes visuales que se están gestando en espacios independientes. También me entusiasma el esfuerzo que muchos gestores locales están desarrollando en el rescate de nuestra memoria histórica, el patrimonio arquitectónico y las tradiciones artesanales.

¿Podrías platicarnos un poco sobre la Colección Ashida Cueto? ¿Cómo se formó, qué la caracteriza?

La Colección Ashida Cueto se forma paralelamente a la carrera de Carlos Ashida y posteriormente la de Jaime y la mía, a lo largo ya de casi cuatro décadas de trabajo en el terreno del arte. Más que una acumulación de obras de arte, es una muestra clara de lo que ha sido el camino en el que se forma el panorama del arte contemporáneo en Guadalajara y en México.

Creo que su principal característica es que refleja claramente el espíritu que nos ha movido durante todos estos años y que se basa en la incansable observación de nuestro entorno, el no quedarse en un lugar seguro y el moverse constantemente para descubrir y traspasar los límites acerca de las obras, los artistas y los movimientos de las artes visuales y plásticas, en un ejercicio de libertad intelectual que Carlos ejecutó de manera extraordinaria durante los años ochentas, noventa y en los inicios del siglo XXI.

Esta es una colección que se permite tomar riesgos, apostando por propuestas que fueron audaces en su momento —y que, si bien en ese entonces eran propuestas poco aceptadas por la comunidad artística, a la postre se convirtieron en estandartes de la escena artística nacional e internacional.

La Colección está conformada por artistas de la talla de Juan Soriano, Jesús Reyes Ferreira, Mathias Goeritz y Rufino Tamayo, Germán Venegas, Roberto Turnbull, Francis Alÿs, Julio Galán, Thomas Glassford, Abraham Cruz Villegas, Sofía Taboas, Antonio Ramírez, Gonzalo Lebrija, Fernando Palomar, entre muchos otros.

¿Qué hay del Archivo Carlos Ashida? ¿Cuál es su propósito en la escena del arte contemporáneo?

El Archivo Carlos Ashida pretende, a través de su divulgación, ser una plataforma de investigación y conocimiento de la escena del arte contemporáneo mexicano visto desde la perspectiva de la periferia.

El trabajo curatorial y editorial de Carlos sirven de hilo conductor a este proyecto, mostrando por medio de su trabajo el papel indiscutible que tuvo como un lúcido interlocutor, arriesgado y seguro de su visión, que creó en sus proyectos un terreno fértil para la experimentación y el encuentro del arte con las distintas corrientes estéticas y de pensamiento, las diferentes generaciones de actores en la escena y —muy importante también— las grandes tradiciones de Jalisco.

¿Cómo se integra el acervo de la Colección a la escena de arte de Guadalajara?

Se han realizado tres exposiciones en relación a la Colección: Zugzwang: una revisión de la Colección Carlos Ashida en el marco del Festival Internacional Cervantino del 2016 y el año siguiente en el Museo Raúl Anguiano de Guadalajara, con actividades paralelas y charlas. Ese mismo año también se realizó La Náusea en el Museo de Arte de Zapopan, así como charlas alrededor del tema.

Gracias a estas iniciativas creo que el público y la comunidad artística en Guadalajara y en el país ahí han tenido la oportunidad de (re)conocer a muchos grandes artistas que por su generación habían quedado rezagados de los reflectores del «mundillo». Principalmente creo que ha dado a conocer una coherencia entre los distintos movimientos, discursos y pensamientos que han tenido su lugar a través de estas décadas, y ha mostrado que no existen rupturas sino más bien continuidades y consecuencias.

¿Tienen algún proyecto en puerta del que nos puedan hablar?

Actualmente estamos trabajando una plataforma digital para dar a conocer la Colección y el Archivo, empezando por la década de los noventa con el proyecto «Carlos Ashida, propuestas y prácticas artísticas desde la periferia (GDL-CDMX) 90s», gracias al apoyo de la Fundación Jumex y de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco y su programa Proyecta.

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