Memorias del vestuario fílmico

Cuando el espíritu de creación y exquisito hacer que recae en la labor del vestuario cinematográfico nos lega permanentemente lecciones de Historia.

Por Rafael Serrano

 

Desde 1948, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood destaca la importancia de creativos especializados en esta categoría para el logro visual de una película. Aún más, cuando ir en contra de la línea del tiempo depende de la mezcla de ingenio y fidelidad histórica que los diseñadores de vestuario plasmen en el resultado final.

Eras inmemoriales y lugares extintos que nos cautivan en el presente, nos inspiran para el futuro. Fugaces momentos que quedarán ahí eternos, ya no por sus actuaciones arrebatadoras, por una fotografía de tesis o por su magistral dirección, sino por cuyos fastuosos vestuarios que cobran tal nivel de protagonismo para ser espejo fiel de la fuerza de la indumentaria, entonces y para siempre. Es esta la cumbre donde el poder de seducción de estas industrias se corona: el cine y la moda están hechos para soñar, para sentir, para anhelar.

 

Idilio renacentista

Múltiplemente reinterpretados en distintas fases de su reinado, los vestuarios creados para encarnar a la reina Elizabeth de Inglaterra han sido, por decir poco, extraordinarios. Coincidiendo en dos diferentes caracterizaciones, la gran Bette Davis fue acogida bajo la batuta creativa del genio del vestuario Orry Kelly en ‘The Private Lives of Elizabeth and Essex’ (Michael Curtiz, 1939), y de Mary Wills en ‘The Virgin Queen’ (Henry Foster, 1955). En 1998, el director Shekhar Kapur tomó a Cate Blanchett como nuevo molde para contar la historia de la férrea monarca en ‘Elizabeth’, y más tarde en ‘Elizabeth: the Golden Age’, legando en ambas a Alexandra Byrne la misión de revivir la época del verdugado, las basquiñas y las gorgueras más espléndidas.

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Hedonismo rococó

El rococó francés, como etapa esplendorosa y fructífera para las artes decorativas, ha servido de inspiración para un cine de género que levanta a ‘Marie Antoinette’ (Sofia Coppola, 2006) como una de los regentes indiscutibles. Como dignísima antesala, los brocados y damascos dorados habían brillado ya en infinitos panniers minuciosamente reproducidos de modelos originales por Nathalie Doux, y llevados por Glenn Close, Michelle Pfeiffer y Uma Thurman en la primera adaptación americana de ‘Dangerous Liasions’ (Sthephen Frears, 1988). Un excelso desfile de pliegues Watteau y profundos escotes, reflejó una época que se extinguió con la revolución francesa y que trazó el destino de la monarquía de Luis XVI y María Antonieta, ya doliente por acontecimientos como ‘el asunto del collar’, que involucró a la reina y a la condesa Jeanne de Valois con el robo de un arrebatador colgante de diamantes, episodio que fue llevado al cine en ‘The Affair of the Necklace’ (Charles Shyer, 2001). En la cinta, el vestuario de la prolífica Milena Canonero mostró con maestría que la discordia por una joya bien alcanzó a ser la gota que derramara el vaso de un agónico régimen.

En el mismo tenor, Michael O’Connor da cuenta propia de un ensueño del siglo XVIII desarrollado en las campiñas de Inglaterra. Georgiana Cavendish es interpretada por Keira Knightley en ‘The Dutchess’ (Saul Dibb, 2008) y su presencia a cuadro nos deja en la memoria a una aristócrata que hace de la moda una perspicaz arma para mantener su privilegiada posición.

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Romanticismo en tiempos de guerra

La ostentación siciliana que tambaleó con la Unificación de Italia y la llegada de Garibaldi, fue llevada a las salas en 1963 por Piero Tosi, el responsable de una gran riqueza de detalles en la indumentaria de ‘Il Gattopardo’, cumbre del neorrealista director Luchino Visconti. Es en las complejas escenas de baile en las que mejor se aprecia el esmero de las faldas y crinolinas que hicieron difícil de olvidar a la belleza de Claudia Cardinale.

Retratar a una clase social que sufre los conflictos durante la Guerra de Secesión estadounidense no es asunto sencillo. En ‘Gone With the Wind’ (Victor Fleming, George Cukor, Sam Wood, 1939), el mítico Walter Plunkett se encargó de retratar la agónica lucha por la supervivencia de una caprichosa y pasional sureña interpretada por Vivien Leigh, quien luce algunos de los más espectaculares vestidos que se recuerden en pantalla. Escuela de vestuario cruda y sin reparos, cada traje reflejó un momento crucial en la vida de la protagonista: desde su primer vestido de baile en gasa blanca, hasta el de cortinas de terciopelo verde que la heroína fabricó para sí misma. Un año antes, Bette Davis era por primera vez musa de Orry Kelly, quien la mostraría imponente en ‘Jezebel’ (William Wyler, 1938) ataviándola en una pieza cuyo color carmesí decidiría el destino de su personaje.

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Encanto victoriano

El retrato de la reina Victoria, una de las soberanas más importantes de la historia británica y mundial, no puede desmerecer en la calidad de sus trajes. En ‘Mrs Brown’ (John Madden, 1997), Judi Dench concibe a una mujer desolada por la muerte de su esposo y gran amor el príncipe Alberto, y Deirdre Clancy tuvo el complejo encargo de idear cantidad de vestidos en el mismo color que nos dejaran doctrina de un estatuto histórico en la moda que perdura hasta la actualidad: el uso del riguroso negro como protesta de duelo, impuesto por la monarca desde la muerte del príncipe y hasta el final de sus días. Recientemente esa historia de amor ha vuelto a despertar en la piel de Emily Blunt y la labor de la vestuarista Sandy Powell, dando vida a una joven que se enfrenta a sus primeros años de reinado pero que no ignora la importancia de su apariencia para hacer valer su nueva posición en ‘The Young Victoria’ (Jean-Marc Vallée, 2009).

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De Rusia, con amor

Los gélidos confines siberianos serán siempre escenario perfecto para una moda digna de magníficas pieles y capas kilométricas. ‘Anna Karenina’, la historia de una aristócrata de la Rusia Imperial que lo deja todo por un idilio, ha sido llevada a la pantalla con vastos ejemplos de vestuarios de ensueño. En 1935 el maestro Adrian vistió a la pantera sueca, Greta Garbo, en la primera adaptación de la novela con creaciones que son una oda a la ostentación de aquella época. Una segunda interpretación de la historia sucedió en 1948, a cargo de Vivian Leigh vestida por el gran Cecil Beaton. En 2012, Jacqueline Durran ha dotado a Keira Knightley de un poderío que se desenvuelve con soltura en ese caprichoso tiempo cuando la crinolina dejaba de serlo para convertirse en polisón.

El cataclismo social que significó la Revolución rusa para su pueblo tuvo un digno proyector en ‘Doctor Zhivago’ de David Lean en 1965. En los primeros minutos, observamos la ostentosidad de una sociedad que ignoraba lo que estaba por venir, y Geraldine Chaplin lleva uno de los conjuntos más bellos que realizó Phyllis Dalton: un traje rosa pálido con cuello de piel blanca y una ushanka a juego. Para la mitad de la cinta, el conflicto estalla y la ropa da testimonio de ello: los cortes se hacen modestos y el negro y los tonos marrones predominan.

En el mismo contexto histórico, el destino de los últimos zares rusos tuvo su más fiel adecuación fílmica en el estudio ‘Nicolas and Alexandra’ (Franklin J. Schaffner, 1971). La vestimenta de inicios del siglo XX fue bellamente idealizada por Yvonne Blake, quién trabajó con varios talleres londinenses para dotar de una grandiosidad inesperada a los personajes de la emperatriz Alexandra y sus hijas.

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