¿Me conoces?

Hoy leía un post de un amigo que decía: “Si crees conocerme, menciona algo que me caracteriza”. Y me dejó pensando, porque me di cuenta lo importante que es saber qué impresión dejamos en las personas que nos conocen, las que realmente nos interesan, las que creemos saben cómo somos realmente.

Es muy frecuente dejarnos llevar por apariencias, y no nos interesa saber que hay en el fondo de cada uno de nosotros. Se nos puede juzgar superficialmente o tal vez en ocasiones esa es la impresión que deseamos dejar. Sin embargo sería bueno preguntarnos a nosotros mismos primeramente ¿cómo nos vemos? Para después preguntar cómo nos ven realmente los demás, ¿qué impresión dejamos?, ¿qué tanto nos conocen?, y si la respuesta no nos agrada, pensar qué podemos hacer para mejorar.

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Si empezamos con la familia, preguntémonos, cómo nos ve nuestra pareja. Sí, es importante reflexionar al respecto. ¿Nos ve como alguien a quien es mejor ocultarle cosas por ser alguien que se preocupa demasiado?, o no le va a interesar lo que tengamos que decir. O por el contrario, nos tranquiliza saber que nuestra pareja es nuestro mejor amigo.

¿Y los hijos?, ¿Nos ven como alguien en quien confiar?, ¿o como alguien que no entiende nada y se quedó instalado en otra época y seguramente criticará cualquier comentario que nos hagan? Y así también con los nietos, los sobrinos, primos, y demás miembros de la familia.

¿Los amigos? Parte muy importante de nuestra vida, ¿cómo nos ven? Altaneros, prepotentes, presumidos… o una persona con la que se puede pasar horas y horas compartiendo vivencias, pidiendo consejos, o simplemente compartiendo silencios. Esa que sabemos que con una mirada, entiende nuestro pensamiento, y con una palmada en la espalda, nos hace sentir mejor.

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¿Nuestros empleados y compañeros de trabajo?, ¿cómo nos ven?, ¿como buenos patrones? o como empleadores malos a quienes hacemos sentir inferiores o exigentes en demasía.

Parece un tema irrelevante, pero no lo es. Debemos reflexionar pues según nos vean los demás, es lo que estamos dando a nosotros mismos. Entonces no pidamos lo que no somos capaces de dar.

Piensa por un momento en el lugar en que te encuentras en este punto de tu vida, y lo que tu actitud proyecta; haz una prueba y pregunta a varias personas: “menciona algo que me caracteriza”. Te sorprenderá darte cuenta de cuántas cosas te mencionan, cosas que no creías proyectar y según las respuestas que te den reflexiona  si te gustan, si es el caso, adelante sigue así,  si no, ¡nunca es tarde para mejorar!

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