María Mercedes Esperalba, Presidenta de Nosotros por los niños con cáncer A.C.

Hubo una tragedia. Uno de sus hijos había sido diagnosticado con cáncer. El pequeño, de solo ocho años, comenzó entonces un tratamiento intenso de quimioterapia que duró diez meses. Junto a su hijo, Mercedes vio de frente una enfermedad que, en la República Mexicana representa la segunda causa de muerte entre los niños de cero a catorce años. Una enfermedad que es difícil sobrellevar no sólo a nivel físico, sino psicológico, emocional y económico. Entonces tuvo una idea: unirse a una asociación civil que ayudara a madres que, como ella, requerían apoyo para conservar las fuerzas.

«Ya pasaron doce años de que me integré a Nosotros por los niños con cáncer A. C. Me invitaron, la idea me encantó y me uní. Desde entonces he ido, como se dice, “subiendo”. Hasta que un día el consejo me eligió para ser la presidenta de la asociación. Es un cargo temporal, que exige una gran responsabilidad. Junto al consejo de la asociación [que incluye a sus fundadoras, la «Güera» Salas y su hija Anabella] y a su directora, tomo decisiones sobre el trabajo que realizamos, doy seguimiento al estado de los niños, de sus tratamientos, de los protocolos. También hago eventos para recaudar fondos o visito empresas que nos pueden ayudar. Este trabajo se sostiene con donativos».

En su gestión como presidenta, ha trabajado en un proyecto especial: la ampliación del área de oncología del Hospital General de Occidente (mejor conocido como el hospital Zoquipan), donde la asociación ofrece atención médica integral ha decenas de niños. «El área del hospital donde trabajamos, era muy chiquita. Hace 17 años que empezó la asociación, las instalaciones no eran las adecuadas para los niños. Algunos tenían que sentarse en prácticamente pedazos de sillas rotas para tomar su quimioterapia. Hoy tenemos una lugar especial para ellos en la azotea que nos ofreció el hospital y ahí tenemos consultorios, salas de quimio, de punción de espina y hasta un espacio para que jueguen. Ahora, como una segunda parte de nuestro proyecto, esa área de oncología se ampliará. Pondremos la primera piedra el 24 de mayo de este año».

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Orgullosa de su trabajo, Mercedes distribuye su tiempo entre su trabajo, sus familia,  sus amigas y también en permitirse disfrutar las cosas que le gustan: «una buena lectura, ir al cine, escuchar música e ir al teatro». Piensa que si toda la gente hiciera cadenas de favores, el mundo sería un lugar mejor. «Si yo le hago un favor a alguien no espero que me lo pague, sino que también ayude a alguien. Todos deberíamos ayudarnos, es básico».

Fiel a esa ley de vida, ella ofrece su ayuda a los pequeños que la necesitan y también a sus familias, a quienes por medio de la asociación ofrecen cursos, talleres y guía médica. «Mi hijo sanó. Me dio una importante lección de esperanza y de fortaleza y ahora es un muchacho sano y muy guapo. Fue una bendición. Por eso entré a la asociación y realizo con gusto esta responsabilidad de ser la presidenta. Este trabajo un agradecimiento a la vida»

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