Manos mexicanas

vida

Las comunidades de nuestro México guardan y mantienen tradiciones artesanales de antaño que van pasando de generación en generación: la elaboración de cerámica, barro, arte textil en telares, tejidos en paja, papel mache y vidrio soplado, entre muchas otras técnicas, exigen un proceso tan meticuloso que ni siquiera lo podemos imaginar. Si conociéramos el enorme trabajo que hay detrás de cada vasija, canasto o cobija que venden nuestros artesanos, jamás nos atreveríamos a «regatearles». El valor de este tipo de trabajos que tenemos tan a la  mano en México es incalculable. Para la elaboración de piezas en barro el proceso comienza con la extracción de la arcilla, después sigue un tratamiento —con el fin de conseguir un barro más puro— que requiere el pisado de la arcilla por unas tres o cuatro horas, el siguiente paso es el moldeado con las manos aplicando sólo cierta cantidad de agua. Se pasa por un tamiz y se deja reposar hasta que se evapore el agua y se pueda recoger. Una vez recogido se guarda en un sitio fresco en bolsas de plástico para que no se seque. Pasa después por una amasadora para quitar posibles burbujas y se termina de alisar con las manos. Ahora sí, se utiliza el torno para moldear las piezas y una vez listas pasan al horno, que no es de uso sencillo. La historia de los telares es también sumergirnos en una dimensión desconocida. El proceso de elaboración de los enormes telares en madera es ya de por si un arte, no se diga el hilado, el teñido natural y la creación de los textiles en los que, hilo por hilo, van dando forma a hermosos tapetes o cobijas. Seguramente al crear las manos de nuestros indígenas, Dios las bendijo y las dotó de una gracia muy especial, a la par de darles otro regalo único: una mente brillante y creativa que al llenarse de inspiración es capaz de elaborar un sinfín de obras maestras.
EL LUJO DE PORTAR UNA PIEZA HECHA A MANO

Poco a poco la moda ha tomado un giro más «sustentable» o bondadoso, donde el valor ya no lo da la marca, sino el valor agregado de los productos. La gente por fin esta dándose
cuenta de que una marca sólo aporta cierto «estatus», pero por dentro está vacía, de que el empaque puede ser muy bonito, pero el contenido no es real y que el verdadero valor de las cosas está en la calidad del producto, de los materiales. La gente ahora busca piezas especiales que cuenten una historia, que estén elaboradas a mano, que aporten algún beneficio a nuestra comunidad. En México eso lo hemos tenido todo el tiempo. Acostumbrados a tenerlo al alcance de la mano, muchas veces pasamos desapercibido el lujo que nos rodea. La calidad del trabajo artesanal que tenemos en este país, apreciada en el mundo entero, debe ser revalorada —de manera urgente—por nosotros mismos.  Comencemos a voltear la vista hacia nuestro país, a consumir productos locales que no por ser baratos significa que no valen. Al contario, valen mucho más de lo que cuestan. Apoyemos a nuestras comunidades comprando sus productos y, si algo nos resulta demasiado barato ,¿por qué no ofrecer un poco más?
Consumamos de los nuestros en lugar de ir a gastar los ahorros al extranjero. Cosas como las que tenemos aquí son irrepetibles, únicas y, sobre todo, tienen algo que ningún producto hecho en masa jamás podrá maquilar: un alma; todo gracias al amor y a la dedicación con los que fueron realizados.

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