Las Suegras

Estoy en una reunión y, por casualidad, el tema de conversación fue las suegras. Yo, próxima a ser una de ellas,  paré oreja y de inmediato me interesé en el tema.

Las señoras que conversaban, todas agradables y muy divertidas, hablaban de sus peripecias: Una de ellas contaba que el día de la boda, al salir de la Iglesia, la mamá del novio se prendía de la ventanilla del coche de los novios en el que se dirigían a la fiesta. La señora lloraba desconsoladamente y a gritos decía “¡hijito ya te vas!”, de forma tan desconsolada que  la novia indulgentemente le sugirió al novio que se fuera en el coche con su mamá, no se fuera a morir, ¡y se acaba la fiesta!

Otra se reía al recordar que su suegra siempre le dijo “niña”. “Mira niña esto o lo otro”, y ella le recordaba constantemente a la señora su nombre, a lo que ella la observaba y continuaba hablándole de “niña”. Además, la suegra revisaba su casa, comentaba del menú y, como mayor se hacía la susodicha, se le comenzaban a olvidar y perder las cosas, a lo que acto seguido llamaba a la nuera para preguntarle si “de casualidad no se había llevado sus cosas a su casa”.

La tercera, cuando estrenó su casa, su suegra llegó de improvisto con una gran cantidad de macetas que acomodó por toda la entrada. Macetas estilo señora de los 50, y la pobre nuera sólo le decía, “señora estas macetas no quedan en mi casa”, y la suegra le respondía que se veían muy bien y que debía de agradecerle pues ella las había tenido en su casa por más de veinte años y ahora le tocaba a ella cuidarlas.

suegra

¡Cuántas cosas aprende uno en una reunión! Y sí, efectivamente cuando tenemos la dicha de tener buenos hijos debemos estar conscientes que se casan, y van a buscar SU felicidad, no la nuestra. Que van a disfrutar su casa como ellos quieran, no como nosotros queremos. Tal vez se vería más bonita una lámpara y un cojín, pero ellos quieren velas y un tapete, o una recuerda que a su hijito le gustan las quesadillas con este queso, y este jamón, y resulta que ahora le gusta con el queso que le gusta a ella, ¡y sin jamón!

Así es la vida, debemos adaptarnos a todas las cosas. Si queremos que nuestras nueras o yernos nos quieran, debemos ser indulgentes y no intervenir en NADA de su vida personal. Si piden ayuda, ten la mano abierta (y posiblemente, la cartera) y si no la piden, no la ofrezcas, ya sabrán ellos que hacer y cómo resolver sus cosas.

Yo no tuve la dicha de tener suegra, pues cuando me casé la mama de mi esposo ya había fallecido. Sin embargo mi suegro, al casarse nuevamente, encontré en su esposa una maravillosa cómplice, compañera y gran amiga. Alguien que me enseñó la maravillosa aventura de ser esposa y  con quien he compartido grandes y divertidos momentos, y cuando pienso en ella solo lo hago con agradecimiento y una sonrisa.

Dentro de poco seré suegra, y espero ser una buena compañera para mi nuera. La pobre ya ha de estar temblando pensando qué hacer con una suegra que canta, baila, enloquece de vez en cuando y en ocasiones pone el mundo familiar de cabeza.

Sólo espero que éstas divertidas y aleccionadoras anécdotas, nos sirvan para tratar de llevar una vida familiar amorosa y feliz.

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