La vida cambia

De pronto un día una noticia que te impacta, te hace reflexionar, tal vez te cambia la vida o la recibes como una llamada de atención. Si no te afecta a ti directamente, sí logra mover tus sentimientos y tal vez piensas “qué bueno que no me sucedió a mí”. Siempre pensamos que tenemos toda la vida por delante, que somos inmunes y vemos pasar los sucesos por nuestro lado creyendo que a nosotros nunca nada nos tocará.

Tal vez sea el momento de apreciar más nuestra vida. ¿Qué pasaría si hiciéramos un alto en nuestro diario caminar y nos observamos qué estamos haciendo con nuestro preciosos tiempo? ¿Cómo lo estamos utilizando? Se pierde mucho en hacer cosas que no valen la pena y no reflexionamos en lo que de verdad es importante, en lo que nos hará crecer como personas, para nuestra familia y para la sociedad en general.

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Todas las mañanas empezamos el día recordando todo lo que tenemos que hacer: citas, compromisos, pendientes -como decimos las señoras-, y me pregunto ¿cuánto tiempo dedicamos para nosotros mismos para pensar qué es lo que queremos hacer, a dónde queremos llegar, cuáles son nuestros planes, nuestros sueños, qué estamos haciendo para conseguirlos? Para eso estamos demasiado ocupados, no hay tiempo para disfrutarnos nosotros mismos, tenemos muchas cosas por hacer. No nos damos cuenta lo importante que somos, siempre hay algo más: la casa, el marido, los niños… Sí, en efecto, hay muchos deberes pero, si realmente nos proponemos, seguramente encontraremos el tiempo para nosotros, por pequeño que sea.

Para tomarnos un respiro y pensar de qué manera vamos a seguir por nuestra vida. Si estamos tranquilos con nostros mismos, esa tranquilidad la proyectaremos a los demas. No es decir “tengo muchos problemas”, es pensar “cómo vamos a tratar de resolverlos”, seguramente lo haremos más objetivamente.

Todos tenemos sueños, esperanzas, hagámoslos realidad. No desperidiciemos nuestra vida, actuemos, vivamos, disfrutemos. La vida es una, es un gran regalo, apreciémosla como tal y seamos felices… ¡Lo merecemos!

Por Graciela Pulido

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