La última sesión, la última llamada

Sobre una estrella que se apagó muy pronto y su ‘última sesión’,
realizada por Bert Stern, el mítico fotógrafo que ayer cumplió un año de fallecido.

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Comisionada por la revista Vogue, la serie de fotografías se realizó en junio de 1962 en el Hotel Bel Air de Los Ángeles, durante severas jornadas que dieron un resultado de 2,571 imágenes. “Hermosa, trágica y compleja”, la describió. Marilyn Monroe posó para el fotógrafo, rubia y morena, pensativa y a carcajadas. La actriz quedó contenta -a medias- con el trabajo. Ella misma tachó algunas de las pruebas de revelado que no la mostraban en la perfección deseada.

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A la publicación tampoco le convenció. ¿Y los vestidos, y el glamour?. Modelo y fotógrafo se reencontraron con más ropa y una estilista para supervisar todo. Quiso jugar como la primera vez: peluca negra, camisa blanca, collar de perlas. Un abrigo de pieles que sólo rozaba su cuerpo. Una cama medio deshecha, el mismo escaso maquillaje. Natural e imponente, posó también con un vestido negro de Christian Dior en una serie de disparos que habrían de ser los más profundos y reveladores. La revista nunca se imaginó que le daría el adiós a la estrella con ese perfil y mirada bajas en la portada póstuma que le dedicarían el mes de septiembre de ese año, tomada de aquel encuentro que se conocería en la Historia como “The last sitting”.

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Cinco semanas después de la sesión, la descubrían sin vida en su cama. Ese trágico 5 de agosto, Marilyn llamó a Stern horas antes de su muerte, pero él no atendió. “Nunca tomé esa llamada. Me lo contó alguien años después. Habría hecho todo lo que hubiera podido para ayudarla. Nunca imaginé ese final, jamás. Pensé que era feliz con su vida y su carrera”.

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Por Rafael Serrano
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