La primera y nos quedamos

Me recomendaron a Amélie Nothomb hace siete años. Comencé por leer Biografía del hambre y descubrí, encantada, que estaba frente a una loca cuyo único destello de sensatez se hallaba en la literatura. “A saber qué sería de ella si no escribiera”, pensé, y fui por todo Guadalajara en busca de más títulos suyos. No me arrepentí, es grandiosa.

Tres semanas atrás, en una librería, encontré Pétronille, su más reciente novela. No planeaba comprar nada, pero la aparición de Nothomb (peculiar revoltura: nació en Japón y sus padres son belgas) siempre es buena noticia. Un par de días más tarde ya estaba yo bajo el rutilante hechizo de sus letras.

amelienothomb

Este libro comienza con una disertación respecto a la champaña y los deliciosos efectos que tiene sobre el cuerpo en ayunas. Dentro del etílico soliloquio, la narradora confiesa estar en busca de un digno compañero de borrachera. Alguien con quien compartir tanta alegría, tanta luz, tanta exquisitez.

Supuse que la identidad de aquella ebria entusiasta descansaba sobre los hombros de Nothomb. Así fue, la escritora nipona disfruta mezclando vida con obra, y Pétronille no es la excepción.

Unas cuantas páginas después aparece ella firmando libros. Reflexiona sobre la extrañeza, el respeto y la empatía que le causan sus admiradores, ¿cómo es que gozan con lo que escribe? ¿Qué maquinación extraña del destino los conduce hacia ella? Juguetea con estas preguntas cuando aparece una muchacha de aspecto andrógino. Apenas ésta pide que le dedique su ejemplar a Pétronille Fanto, Nothomb recuerda que ha estado carteándose con una lectora de nombre idéntico. ¿Es ella? Sí. Platican un poco y se despiden incómodas.

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Luego de una larga e intoxicada reflexión, la japonesa concluye que Pétronille puede ser perfecta compinche de bebida. Le escribe invitándole una copa. Fanto acepta y van en busca del espumoso elixir por las calles de París. El encuentro no es precisamente agradable, pero qué más da, Pétronille disfruta la champaña tanto como Amélie. Toca resignarse a ello, y a la inevitable curiosidad que la chica con cara de chico le despierta.

Nothomb describe entonces, a través botellas, viajes y libros, la accidentada creación de una enfermiza amistad, que si bien parece no ir más allá del alcohol, cambia desastrosamente la vida de ambas. Entre similitudes mórbidas e ideales irreconciliables, Amélie y Pétronille luchan contra los monstruos que las acechan en sobriedad.

He aquí la recomendación de otra novela con disfraz de franqueza. ¿Qué sería de los grandes escritores sin el jugoso aderezo de la mentira, o en este caso, de las burbujas? Cheers!

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