Karma Yoga

Hace mucho que no me sentía con el verdadero compromiso de ayudar a alguien más. Obviamente siento que a través de mis clases y teniendo un lugar que ofrece alimentos saludables contribuyo a que haya un cambio de consciencia en el estilo de vida a uno más sano en nuestra sociedad. Pero, cuando verdaderamente quieres ayudar a alguien que lo necesita o contribuir con una actitud “desinteresada”; algo en ti se siente que se mueve y cambia…

Hace un par de días, después de un largo día en Verde Bendito camino a mi casa para practicar Yoga y demás, veo un perrito solitario que parecía perdido en medio de una avenida muy transitada, así que había el peligro de que lo pudieran atropellar. La verdad quería ignorarlo, pero en ese instante le llamé a mi hermana para contarle la situación del perrito y que si lo intentaba agarrar o qué opinaba. Estaba cansada y con planes en mente y sabía que el rescate implicaba muchas cosas, pero la respuesta de mi hermana fue, sin titubear: ¡Agárralo!

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No fue nada fácil, el perrito no se dejaba, estaba muerto de miedo y se escondía. Mi hermana tuvo que venir a ayudarme a sacarlo de debajo del coche en que se ocultó para poder llevarlo a la veterinaria a que lo checaran y alimentaran en lo que encontrábamos a su dueño.

La nombré Gray por su pelo gris, y junto con mis mejores amigas nos dimos a la tarea de pegar volantes en la zona intentando dar con el dueño, y aunque la perrita estaba muy tímida y temerosa de que le hicieras un cariño nos la trajimos a casa en lo que encontrábamos a el dueño o conseguíamos alguien que la adoptara (tengo a tres increíbles shihtzus en casa ¡uno más y esto se volvería un albergue para perros!).

Total que pensábamos tenerla aquí por un tiempo en lo que la acomodábamos y resultó que apenas cuatro días después de haberla rescatado ¡le encontramos un hogar para que la acogiera!

Te cuento esta historia porque en el inter no sabes la responsabilidad tan grande que sentía de querer ayudarla, de hacerla sentir bien, de poderla chiquear y hacerla sentir especial y querida. De dar con el paradero del dueño -si es que tenía- porque seguro tampoco la estaba pasando bien, pero principalmente que el animalito no estuviera sufriendo. También me topé con organizaciones amables que hacen mucho más trabajo de este que yo, que me apoyaron a difundir que la perrita estaba extraviada y con personas que con su actitud completamente desinteresada ofrecieron su ayuda para darle alimento, cobijo, comprarle plaquita, ¡y hasta adoptarla y acogerla en su hogar! ¡Gracias!

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Cuando hacemos algo con una actitud completamente desinteresada es cuando vivimos ese Karma Yoga, y agradezco haberme atrevido a tenderle la mano a un ser que lo necesitaba y haber dejado por ese instante mi egoísmo y las “cosas más importantes que hacer” por Gray.

Te da un sentido de propósito cuando estás en una nube de dudas, es este Yoga de la acción en la que nuestro corazón se purifica, sin la necesidad de que te den un premio o algo a cambio. No es lo que haces lo que cuenta, pero tu verdadero motivo detrás de ello. Das lo mejor de ti buscando siempre el máximo bien contra el peor de los males. Y créeme ¡se siente mucho mejor que si me hubieran pagado por hacerlo! Encontremos la forma de estar más al servicio, hay muchas formas de hacerlo, no te digo que te pongas a rescatar perros, o dejes de trabajar y te dediques sólo a ayudar al necesitado, pero un granito de ayuda a nuestro mundo siempre nutre el corazón y al cambio de consciencia de nuestra comunidad.

¡Gracias, Gray! Y a ti por leer.

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