Jugando juegos

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¿Qué tan satisfecho estás con tu vida? ¿Estás haciendo lo que te gusta realmente o estás viviendo para los demás, ya sea familia, amigos, trabajo, sociedad, simplemente para ser aceptada?

En ocasiones empezamos jugando diferente roles, tal vez por ganar un afecto o por sentirnos importantes ante los demás. Jugando ese juego inventamos enfermedades, agrandamos los problemas, y hasta hablamos mal de alguien simplemente por agradar a otro. Y al jugar ese juego, inconscientemente nos vamos envolviendo en una vorágine de la que después es muy difícil salir.

Vale la pena reflexionar si lo que estamos haciendo y dando a los demás (y principalmente a nosotros mismos), es lo correcto. La vida actual es difícil, y  debemos tratar de vivirla lo mejor posible, y para lograrlo necesitamos algo muy importante: paz interior. Cuando estás en paz contigo mismo, por consecuencia, estás en paz con los demás y lo proyectas.

Sin embargo también tenemos lo que yo llamaría “agujeritos  en el corazón”, malos momentos pasados y cosas que nos han dolido en mayor o menor medida. En ese tipo de sentimientos es en lo que debemos trabajar y tratar de desecharlos. No podemos cargar equipajes que sólo hacen más pesado y difícil nuestro diario caminar, debemos soltar, dejar de lado.

La familia, los amigos, el trabajo, todo tiene un lugar en nuestra vida, pero antes que todo eso estamos nosotros mismos y nuestras perspectivas de vida. Tenemos derecho a ser felices, a remover las piedras del camino que nos lo impiden, no podemos ir con rencores, malos recuerdos y sentimientos de víctimas. Debemos entender que no son los demás los que nos hacen felices o nos hacen sentir bien o mal, somos nosotros mismos los que debemos tratarnos bien y lógicamente de esa manera atraeremos lo bueno y daremos lo mejor a los demás.

Sintámonos bendecidos por nuestra vida actual, cualquiera que sean las circunstancias. Si estamos aquí, por algo será, dejemos de lado los malos ratos con la certeza de que algo mejor sucederá. Hagamos un alto y trabajemos en lo que nos intranquiliza  para así aprovechar las 24 horas diarias que la vida nos regala.

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