Estrechando lazos

Estrechar lazos, es una expresión que utilizamos mucho y tal vez no pensamos en su verdadero significado. Estrechar lazos es jalar un poco esas cuerdas que nos unen con aquellos a quienes nos son importantes y que, en ocasiones, tal vez por descuido o por las prisas con las que vivimos, hemos ido soltando.

Esta temporada es inmejorable para acercarnos a esas personas, a ese familiar o amigo a quienes últimamente no hemos visto, llamado o compartido una tarde de café. Personas que nos importan y que, sin embargo, damos por hecho que saben cuánto las queremos. Tal vez hemos olvidado a viejos amigos valiosos en nuestras vidas, amigos que han estado ahí para ti siempre. Amistades de oro.

Siempre he insistido en lo importante de un abrazo, una palmada en la espalda, un “te quiero”, un “gracias” y –sobre todo- ¡a tiempo! Reunirse con las personas que queremos es siempre gratificante. No es necesario trabajar mucho en la cocina o gastar grandes cantidades, sino dejar saber a los demás cuánto los aprecias y lo feliz que te hace su compañía.

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Hace unos días llegó a mi casa una amiga muy querida, tocó el timbre y apareció con una botella de vino fría, simplemente me dijo: Vengo a brindar por nosotras, por nuestra amistad, por todo lo que vivimos día a día juntas y porque te quiero mucho. ¡Qué sorpresa más agradable! ¡Qué bien me hizo sentir! Pasamos una tarde maravillosa que terminó casi a la medianoche y que hubiéramos querido extender. Eso es lo importante, dar a los otros un poco de ti, de tu tiempo, de tu abrazo, de tu plática. No necesitas llegar con algo costoso, pueden ser desde unos ricos tamales hasta lo que tu presupuesto te permita, lo bueno es estar ahí demostrando tu cariño.

Valdría la pena tomarnos el tiempo, de llamar a ese alguien especial a quien hemos olvidado últimamente y quien seguramente estaría feliz de escucharnos. Sí, de escucharnos, no de mandarle un mensaje por las redes sociales, ¡no! De escuchar nuestra voz, de sentir el contacto personal y saber que estamos ahí y que nos son importantes. Aquella maestra ya muy entrada en años o tu amigo enfermo que no puede salir, tu compañera de colegio que se rompió la cadera o tu primo ya anciano, el viejecito que te abría la puerta del colegio… Hay tanto por hacer, tanto por dar, y el momento para empezar es ¡ahora! No pospongamos ese cariño que podemos ofrecer, esa llamada, ese abrazo, esa sonrisa. La vida es una elección, elijamos dar amor si queremos recibir amor.

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