En el corazón de Florencia

“Si tienes preguntas no dudes en buscarme” Me dijo Ali, una estudiante de museografía que estaba haciendo sus prácticas en el Museo Horne. Era un martes por la mañana, y el pequeño museo estaba casi vacío, por lo que Ali se hizo a la tarea de acompañarme sala por sala para describirme las piezas y contarme todas las anécdotas que recordaba del lugar con una sonrisa y una mezcla de inglés e italiano que a veces era difícil de seguir pero a la que nunca dejé de poner atención. Era mi primer día en Florencia y también mi primera muestra de la pasión y hospitalidad florentina. A partir de ese momento, siempre que iba a un museo lo primero que hacía era ir hacia el personal y los saludaba, amabilidad que siempre pagaban contándome las historias más extraordinarias sobre el arte que estaba delante de mis ojos.

Cuando observas por primera vez el mapa de Florencia te mareas un poco. ¿Cómo encontrarle sentido a ese lío de callejuelas en donde las avenidas más grandes pueden desembocar en un callejón sin salida, donde autos, peatones y bicicletas andan por el mismo carril y las señales de tráfico han sido intervenidas por un artista callejero?

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Sin embargo, una vez que caminas la ciudad te unes a su locura, nunca sabes a dónde te llevará tu siguiente paso, y aunque dicen que todos los caminos llevan a Roma, aquí todos llevan al Duomo. La imponente catedral que es tan detallada que podrías pasar una semana descubriendo todos los secretos de su fachada.

Si no quieres parecer un turista tienes que aprender las mañas italianas rápido, por ejemplo, que el café en las mañanas se toma en el “bar” y de pie en la barra, y pedir un americano es visto con reprobación, pues -además del ocasional cappuccino- un espresso es la única manera aceptable de consumir café.

El arte es una mezcla de lo viejo y lo nuevo, combinando museos que cargan arte barroco y los que hacen honor a los nuevos artistas. Es igual de importante visitar la Galería Uffizi, el Museo de Marino Marini y el Museo de Gucci. Igualmente las calles están llenas de arte, con artistas como Clet interviniendo las señales de tráfico o posters que pintan obras famosas en un ambiente acuático, la creatividad está a la vuelta de todas las esquinas.

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La vida en Italia pasa a otra velocidad, los lunes los negocios abren a las 12pm y nadie corre por las calles, los mejores lugares para comer no son elegantes restaurantes, sino pequeños locales familiares, como All’antico Vinaio, donde el panini es un arte y un sonriente italiano prepara tu emparedado ignorando tus comentarios y prometiéndote que será el mejor que has probado en tu vida. Y lo cumple. Locales donde hay una barra fuera con botellas y copas de vino para que el comensal se sirva mientras espera en la banqueta, conversando y riendo con sus amigos.

Es esa familiaridad y compañerismo que acompaña al italiano en todo lo que hace lo que convierte la ciudad en una gigantesca familia. Visitarla es volver a las raíces: del arte, la moda, la gastronomía. Regresar a los elementos más básicos y reinventarlos. Es revelarle tu corazón a una ciudad que tiene el suyo al descubierto.

 

Conoce más de Florencia en nuestra edición Grandes Maestros.

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