El rugido del cine, el rugido de la MGM

Por: Rafael Serrano

Nuestra pantalla queda en total oscuridad, la inquietud nos invade. De pronto, un sonido familiar que en cualquier otra instancia nos pondría la piel de gallina, pero que a la vez, nos llena de emoción. Un león ruge con fuerza y aparece un nombre en letras doradas: Metro Goldwyn Mayer. Acto seguido, la película comienza: es otra aventura, otro romance, o son otras risas. Se trata de explosiones, bailes y persecuciones. Es, en resumen, la magia del cine que vuelve a inundar nuestros sentidos con una nueva historia.

Son ya 90 años desde que ese emblemático león rugiera por primera vez en una industria sobre la cual nadie apostaba a que sobreviviría la metamorfosis hacia el mundo sonoro. Hoy por hoy, habiendo atravesado innumerables crisis y una bancarrota en 2011, la MGM se erige orgullosa de su historia con una vitrina de trofeos donde se cuentan 175 premios de la Academia, de los cuales 14 son a la mejor película.

Más allá de una compañía productora, es una máquina de sueños. Es por eso que para sus festejos de este próximo abril, echa la casa por la ventana y pone a disposición un blog conmemorativo en su página oficial, un libro histórico para coleccionistas y un trailer conmemorativo donde revive muchos de sus grandes momentos. Además, y como es costumbre, ha presentado en una ceremonia en el Teatro Chino de Los Ángeles, a un león que ha rugido por todo lo alto que ellos siguen siendo los reyes de la meca del cine, y le han plasmado sus huellas en cemento.

Sentimos que no es necesario. Las huellas de sus historias están plasmadas ya en nuestra memoria, donde quedan inmortales grandes romances como el de Lo que el viento se llevó y West Side Story, y grandes suspensos como Carrie y El silencio de los inocentes. Míticos personajes como James Bond: el agente 007 y Rocky, e inolvidables secuencias musicales como las de Cantando bajo la lluvia y El mago de Oz. Llevamos plasmados a íconos inmortales de la belleza atemporal como Greta Garbo, Liz Taylor y Marilyn Monroe, y las cumbres de directores de culto como Clint Eastwood y Woody Allen.

Llevamos, en fin, plasmados a hierro, y forja la magia que el cine nos significa desde hace noventa años; pedimos que no deje de rugir jamás.

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