El lujo se queda en familia

Mantener una empresa familiar en el mercado del lujo no es pan comido. Sin embargo, dichas empresas han probado tener una resilencia sin par y características que muchas otras desearían tener. Desde Hermès hasta Audermars-Piguet, las empresas familiares dan lecciones que todos deberían aprender

Allá en el ahora remoto 2002, se empezó a gestar un movimiento en las altas esferas de la moda: el gigante LVMH (Louis Vuitton Moët Hennesy) —gracias a herramientas tales como fondos de cobertura— comenzó a adquirir acciones de Hermès. Su estrategia salió a la luz en octubre de 2010, momento para el cuál detentaban 17.1 por ciento de las acciones de Hermès. Y aunque el magnate de LVMH, Bernard Arnault se empeñó en decir que todo era muy amigable, Patrick Thomas, quien estaba al frente de la empresa no pensaba de la misma manera.

Fue así que se desató un enfrentamiento en el que Hermès formó un holding que encierra 50.2 por ciento de las acciones por los próximos 20 años, llamado H51, en el que los miembros prometieron no vender más que a otros miembros. Al final, Hermès eligió su independencia sobre todas las cosas, aunque el episodio algo le costó: las acciones de la marca bajaron ocho por ciento.

 

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Lecciones por aprender
Bernard Arnault, de hecho, no desconoce los dictados de la familia. Él mismo inició su negocio con la fortuna heredada de su padre. Con la compra de Dior en la década de 1980, y después de Louis Vuitton, TAG Heuer, Marc Jacobs o Veuve Clicquot, Bernard Arnault creó un conglomerado de lujo cuyos dividendos lo han convertido el hombre más rico de Francia, y sus hijos participan de este patrimonio.

La moraleja de estas historias es que las empresas familiares se protegen a capa y espada. Y con justa razón. Tanto Hermès, LVMH y otras compañías de lujo familiares, saben que mantener sus empresas contenidas dentro de un universo más pequeño, y no por eso menos ambicioso, las hace más resistentes, coherentes y menos propensas a derrumbarse por su propio peso. De hecho, Hermès es una de las fortunas familiares más grandes del mundo, valorada en 23 mil millones de dólares.

Se estima que en Europa más de la mitad de las empresas son familiares, cifra que asciende a 65 por ciento en Francia, en donde titanes de la moda como LVMH de los Arnault, o Kering de la familia Pinault —que entre los highlights de su portafolio tiene a Gucci e Yves Saint Laurent—, buscan mantener sus empresas en famille y son el mejor ejemplo de que lo familiar bien llevado equivale al éxito.

Como bien decía Marcel Proust, en vez de aquello que nuestra imaginación nos da a suponer, muchas veces la vida nos da aquello que nunca hubiéramos imaginado. Fue exactamente eso lo que le sucedió a la familia Versace cuando Gianni fue asesinado en la puerta de su casa en 1997. Fue un incidente que cimbró al mundo por su innecesaria […].

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