El arte de caer parado

Bugnicourt O’Hara, un argentino renegado más mexicano que el pozole, ya no es el muchacho que aparece en el pasaporte “de tapas azules y gastadas”. La vida le ha pasado recibo. Ahora sus tantas cicatrices podrían contar la historia de aquellas andanzas que lo trajeron adonde hoy está. Sólo que prefiere hacerlo él mismo: el Gato.

Huérfano por abandono y encerrado en una escuela de irlandeses pobres, el pequeño O’Hara entiende que la vida no es fácil. Pero gato al fin, tiene seis más por gastar. Debe huir.

Cuando el apodo trasciende al nombre, Bugnicourt pilota un avión en México, mientras le engorda la vista con esa dudosa mercancía que transporta. Se empieza a adaptar: cambia el “vos” por “tú”, la “plata” por “dinero”. Hasta que, simpatías aparte, sus jefes lo mandan matar. Tan bobos, ignoran su felina condición. “Pensé: no quiero morirme así, lentamente. No sé cuánto tiempo estuve tirado ahí y la muerte no llegaba. Ya ni siquiera había dolor. Sólo cansancio y lluvia.”

Cae de pie en Belice, con una vida menos en el marcador y la no-tan-firme convicción de jubilarse. Se enamora de Sandy Lee, una preciosa mulata de manos mágicas y cálido olor que sabe curarlo, entenderlo. A su lado quiere empezar de nuevo, como si ignoraran que en la vida real no existen los finales felices.

Aparecen entonces la hermosa Desiré, el Gordo millonario, Posey el gringo demente y un puñado más de siniestros personajes que pondrán pausa a la calma que O’Hara creyó encontrar en el regazo de la hechicera. Así comienza la historia.

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Un gato en el Caribe (2016) es la novela en la que durante más de 20 años Roberto Bardini volcó sus dotes de narrador, sus obsesiones más profundas y su vida entera. Tan evidente es la dedicación, que el jurado del Premio Lipp 2016 escogió con refrescante rapidez este maravilloso relato como el ganador de su quinta edición.

Para aquellos que añoran las historias de aventuras, éste es el libro indicado. Junto a la trepidante belleza de la novela, están las increíbles ilustraciones de Edu Molina, que más allá de infantilizar el relato, aligeran su crudeza.

De Argentina a México y Centroamérica, el Gato aguarda paciente tras la prosa impecable de Bardini. A esta novela no le cambio ni una coma, y es que entiéndanme, les tengo gran envidia a aquellos que la leerán por vez primera. Abrochen sus cinturones y disfruten el viaje.

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