Descubre una nueva manera de escuchar a tu cuerpo

Hace 3 meses una maestra de la universidad acudió a consulta médica por un problema de agotamiento y ansiedad. Abrumada de trabajo retrasado, robaba horas de descanso para ponerse al corriente, pero en vez de organizarse, más se angustiaba.

Cuando llegó a consulta manifestaba síntomas físicos tales como dolores articulares, estreñimiento, insomnio, etc. Al entrevistarla, su expresión era de desesperación, esperando de mi una solución mágica a su situación.

Después de escucharla, esperé un minuto en silencio para preguntarle:

-¿Haz oído el cuento de los 2 leñadores?  Al ver su expresión al oír mi pregunta, comencé mi relato:

Tuvo lugar el Campeonato Mundial de Leñadores, que se celebra todos los años en Canadá. ¿Los finalistas? Un canadiense y un noruego llamados Peter y Johann respectivamente.

Su tarea era muy sencilla. A cada uno de ellos se le adjudicó un sector del bosque. Aquel que talara más árboles entre las 8 de la mañana y las 4 de la tarde, sería el ganador.

A las 8 en punto sonó el silbato y los dos leñadores se pusieron manos a la obra con destreza. Iban talando intercambiando golpe tras golpe hasta que a las nueve menos diez el canadiense oyó que el noruego se detenía. Advirtiendo su oportunidad, ¡el canadiense redobló sus esfuerzos!

bosque

A las 9, el canadiense oyó que el noruego comenzaba a talar otra vez. Una vez más parecía que iban talando intercambiando golpe tras golpe, ¡hasta que a las diez menos diez el canadiense oyó que el noruego se detenía! El canadiense perseveró, decidido a sacar el mayor partido posible de la debilidad de su adversario.

A las 10 en punto, el noruego comenzó a talar de nuevo. Hasta que a las once menos diez hizo una nueva pausa. La confianza del canadiense iba en aumento, podía “oler” la victoria y prosiguió con su ritmo regular y constante.

Y así sucesivamente a lo largo de todo el día. Cada hora a menos diez, el noruego paraba y el canadiense seguía talando. Cuando sonó el silbato a las 4 de la tarde señalando el final de la competencia, ¡el Canadiense estaba absolutamente convencido de que el premio era suyo! Te podrás imaginar cuál sería su sorpresa al descubrir que había perdido.

“¿Cómo lo hiciste?” le preguntó al noruego. “Cada hora a menos diez oía que te parabas. ¿Cómo demonios pudiste cortar más árboles que yo?, ¡No es posible!”

“Pues realmente es muy sencillo,” respondió el noruego con franqueza. “Cada hora a menos diez, paraba. Y mientras tú seguías talando, yo me dedicaba a afilar el hacha.”

Al terminar el cuento le pregunté a la maestra y ahora les pregunto a ustedes lectores: ¿Cuándo fue la última vez que afilaron su hacha?

Si el instrumento de trabajo es nuestra persona, ¿con que periodicidad le damos “mantenimiento”?, ¿No estaremos talando con el hacha sin filo?

cafe

Es conveniente revisar si no nos estamos desgastando para “sacar adelante nuestro trabajo”, si por rendir más en el trabajo lo estamos haciendo a costa de nuestra salud o nuestra persona, deteriorando así nuestras relaciones laborales.

Así que hacer un alto para afilar nuestro instrumento más importante es una forma de mantenernos sanos y ser más productivos en nuestro trabajo.

Es muy frecuente que por el exceso de trabajo nuestra escala de valores cambie, y cuando menos pensamos nuestras prioridades cambian, pero eso no es una excusa para descuidar tu persona. Por eso conviene hacer periódicamente pausas en nuestro camino para descansar como una manera de afilar nuestro instrumento más importante ¡nuestra persona!

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