Descubre los guerreros de Terracota en China

Hace pocos años fue desenterrada una majestuosa legión de soldados en el territorio central de China, como parte del mausoleo de su “primer emperador”, que ahora es viva manifestación de la historia de este país asiático hace más de dos milenios, y uno de los hallazgos arqueológicos más famosos del mundo.

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Difícil creer que no hay dos caras iguales entre las 8 mil figuras de arcilla que conforman los también llamados “guerreros de Xi’an”; que cada rostro, peinado y ropaje tenga su propia expresión, y que su tamaño sea apenas un poco superior al natural. Visten armaduras, están uniformados de acuerdo a su rango y pintados en diversos colores; también, posicionados para defender a su emperador, a lado de caballos y carruajes. Sólo de esta manera pudo haberse representado el mundo real lo más preciso posible, tal como lo deseaba uno de los personajes más fascinantes de la historia de China: el rey Zhao Zheng.

China se encontraba dividida en reinos combatientes, cuando Zhao Zheng ascendió al trono del estado de Qin con sólo doce años y medio de edad. En el año 221 a.C., después de conquistar los estados feudales, los unificó en un imperio del cual se autoproclamó como Qin Shi Huangdi: “primer emperador”.

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Mucho se habla de este hombre brillante y brutal, que logró estandarizar medidas como el peso, así como la moneda y, por supuesto, la escritura, y cuyos restos yacen en un palacio subterráneo cercano a la ciudad de Xi’an, en el territorio central del país. Por más de treinta años construyó su mausoleo que es una reproducción de la tierra en que reinaba, y al morir, fueron enterrados vivos los miembros de su ejército, así como concubinas y demás servidores, para que pudiera continuar gobernando desde el más allá.

Apenas en 1974, cuando la región pasó por una grave sequía y se realizaban excavaciones en busca de agua, se revelaría que, a menos de dos kilómetros de la tumba, también se reprodujo el ejército con el que consiguió consolidar su imperio. El monte Li y el río Wei son los vigilantes de esta flota de soldados hechos de arcilla moldeada y endurecida al horno, ahora declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y es como pararse en el mismo momento en que estos eternos protectores del emperador se preparaban para la batalla.

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Junto con ellos, se han recuperado espadas aún afiladas y puntas de flechas, aunque se cree que alguna vez fueron saqueados y desprovistos de miles de armas. Hoy día, a menos de una hora desde la estación central de buses de Xi’an, se pueden visitar las tres fosas de figuras de terracota descubiertas, siendo la primera, la más grande. A veces bajo un silencio sagrado, y a veces envueltos en el barullo de los transeúntes, los guerreros parecen respirar nuevamente después de más de dos mil doscientos años, y ser una defensa inmortal del emperador, a la vez que un hermoso e impactante secreto desenterrado.

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