Cuando las calles conocidas parecen nuevas

Nací en la colonia Roma —ciudad de México— un noviembre de 1983 para crecer en otro lado y luego regresar, quién sabe si para siempre. En las calles de este barrio —uno de los más viejos del DF— he trabajado, salido de fiesta, paseado en los domingos de sol, buscado los rastros de mis ídolos literarios —Jack Kerouac, por ejemplo, vivió a unas cuadras de donde yo vivo—; me he enamorado y me han roto el corazón.

Sin embargo, a pesar de todo, es una colonia que no conozco porque cambia todo el tiempo. Donde hubo un teatro ahora hay un cine de arte, donde hace unos años había un café internet he visto pasar como cinco restaurantes distintos que no pegan. Y la calle donde yo nací, bueno, esa parece no haberse transformado mucho…

Es curioso notar que nunca alcanzamos a conocer del todo los lugares donde transcurre nuestra existencia. O al menos en eso me quedé pensando al terminar el recorrido que hice con Sabores México Food Tours, un servicio de paseos gastronómicos guiados creado por dos hermanas y un amigo: Yonnia y Yanneli Seoane González y Rodrigo López Aldana.

Recorrimos la colonia Roma —mi colonia, el lugar donde nací— y de los siete lugares el los que paramos, yo conocía sólo tres (en los que, además, nunca me había sentado a comer). Me sentí como una turista, caminando con un grupo de unas seis personas, escuchando a los guías hablar sobre la arquitectura ecléctica de los edificios que he visto desde siempre, entre los que camino todos los días. La experiencia fue, por ello, fantástica.

Comimos tacos de pescado en el restaurante Tres Galeones (al que juro por mi vida jamás haber visto pese a que la calle donde se encuentra es de las más cercanas a mi casa), probamos los tamales de frijol del Café de Raíz, tlayudas oaxaqueñas en La Tlayudería (un local célebre entre mis vecinos, al cual yo no había ido), tomamos vino francés y comimos paté en Galia Gourmet (algo ideal para hacer honor a los orígenes del barrio construido durante el porfiriato —la época del dictador de Oaxaca enamorado de París—), probamos la comida orgánica de Orígenes Orgánicos, la cerveza artesanal que hacen en La Graciela y terminamos con un maravilloso café en Espressarte, un localito ahora básico en mis días que, descubrí, estaba a sólo unos pasos de donde vivo y donde Abril —barista mexicana multipremiada— da talleres de degustación. Al final del recorrido, ya todos éramos amigos.

Sabores México también hace recorridos en el Centro Histórico de la ciudad. Hay inscripciones individuales o grupales a cada uno de los tours que —a cambio de 600 pesos—, te dan tres horas y media de material para cambiar la perspectiva que tienes ya no de tu propio país o de tu estado o ciudad, sino de tu barrio.

Para quienes no viven en la ciudad de México, estos tours son una buena opción para conocerla a partir de su comida; para quienes la habitan, un gran modo de redescubrirla.

La lección, sin embargo, es más amplia que la recomendación: tomar el tour puede hacer la diferencia, pero decidir un día salir de casa para ver todo lo que hay alrededor como si fuera un paisaje completamente nuevo, caminar por las calles de siempre con la misma hambre y curiosidad que sentimos en los viajes; eso, será invaluable. Y lo podemos hacer todos, desde donde sea, cuando sea.

  • Comparte en:

Comments are closed.