Criticar

Cada día se vuelve más normal el criticar y hablar mal de nuestros semejantes. En todos los niveles y en todos los ambientes la crítica es el tema favorito. Ya sea en redes sociales, conversaciones, reuniones, el tema que no falla es la crítica.

Siempre estamos buscando, y por lógica encontrando, un motivo para hablar mal de alguien o de algo. Si nos invitan a un lugar, tenemos que buscar ese detalle que no nos gustó para tomarlo como tema de conversación. No vemos lo bueno, lo bello, el haber sido invitado, en fin, mejor hablar de lo que salió mal (según nosotros).

Si vemos a alguien nos cuesta trabajo decirle “¡qué bonita te ves!”, o “me gusta mucho tu pelo (o tu vestido o bolsa)”, o simplemente “¡Qué gusto verte!”. Al despedirnos alguna crítica hemos de hacer “está más gorda”, “más delgada”, “ya se le notan los años”, “se acaba de hacer algo en la cara, no puede estar tan bien”. ¿Qué nos sucede? La vida no es una fotografía en la que ordenamos las cosas a nuestro gusto para que se vean bien y entonces la fijamos para la posteridad, la vida es algo lleno de imprevistos y todos y cada uno de nosotros ya lo hemos experimentado. No podemos controlar hasta el último detalle, tenemos que abandonarnos a fluir y a confiar, acompañados de buenos sentimientos y buen corazón.

En la crítica, el resultado nunca es positivo. Es importante preguntarnos ¿nos hace mejores personas hablar mal de alguien?, ¿nos recompensa de alguna manera?, ¿nos hace sentirnos bien que gracias a un comentario mal intencionado se terminó una amistad, o una pareja tuvo problemas?, ¿unos padres castigaron a un hijo o provocamos un mal rato?, ¿cuál fue el resultado?, tal vez nos sentimos bien momentáneamente, o nos dijimos “bien ahí, ya perjudique”, y no, al final nunca sabemos si esa persona de la que hablamos mal en algún momento será a quien necesitaremos.

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La vida es una rueda, gira constantemente y nunca sabemos lo que nos depara. Valdría la pena cuidar esa energía que utilizamos en criticar en algo más constructivo, en tratar de hacer nosotros mismos las cosas bien, porque no olvidemos que también nosotros estamos expuestos a la crítica. Ayer, comiendo en un restaurante me sorprendió cómo en la mesa de al lado un señor, en compañía de otras tres señoras, destrozaba la reputación de una amiga de ellos, con nombre y apellido y la destrozaba literalmente. Las señoras se reían y él seguía hablando y hablando mal, contando detalles que una persona educada no comenta, ¡y menos un hombre hablando de una mujer!, lo curioso es que este mismo señor acaba de dar por terminado su matrimonio. ¿A quién le gustaría estar casada con alguien así? Como decíamos cuando estábamos en el colegio “el burro hablando de orejas”. Sin embargo también hay críticas constructivas, en las que una amiga puede ayudarte a reconocer algo que estás haciendo mal, algo que no te queda, algo que no debiste hacer, de cómo haces tu trabajo. Las críticas no tienen que ser destructivas siempre, esas críticas se agradecen y se toman en cuenta.

Seamos congruentes con nuestra manera de vivir, todos sin excepción tenemos defectos, grandes o pequeños. Tratemos de ser más indulgentes con los otros y con nosotros mismos y entendamos que cada uno es cada cual, y no olvidemos esas sabias palabras “¡con la vara que mides, serás medido!”.

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