Conoce la nueva exposición de Anish Kapoor en el MUAC

Nada divide opiniones como el arte contemporáneo. Mientras que las obras de los grandes maestros se basan en perfección y en técnica, esta nueva rama artística requiere más del espectador, un contexto y entendimiento que lo hace muchas veces inaccesible al público.

Intentando romper esta barrera al apelar a nuestros instintos más básicos, es que llega la exposición del inglés con raíces indias Anish Kapoor al MUAC en la Ciudad de México, que con 560 toneladas de arte en 22 piezas representa la magnitud escultórica que ha hecho famoso su trabajo.

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Haciendo una accidental retrospectiva -las obras abarcan un periodo de tiempo que va de 1980 hasta el 2016- todas las esculturas tienen en común la fascinación de Kapoor por el espacio y el tiempo. “Estoy interesado en la escultura que lleva al espectador a una relación específica entre tiempo y espacio. El tiempo tiene que ver con la forma y el color para inducir a un mundo de ensueño. Como consecuencia, yo espero, un alargamiento de tiempo. El espacio es más complejo, pues el espacio contenido en un objeto, debe ser mayor al objeto que lo contiene. Mi meta es separar al objeto de su objetualidad.”

¿Y cómo lo logra? Con una exposición que utiliza el vacío y los reflejos. El vacío es a través de obras como “At the edge of the world II”, un domo gigantesco en donde el obscuro interior no permite ver el final, o “My red homeland”, un cráter de 12 metros de diámetro, hecho con cera roja, donde en el centro un brazo metálico gira de manera casi imperceptible. Estas obras nos hacen confrontar miedos básicos: inmensidad, incertidumbre…

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Por otro lado, el juego con materiales reflejantes requieren al espectador para cobrar sentido. Son piezas en las que cada persona olvida su entorno y se concentra por completo en encontrarse en la obra, generando la misma satisfacción que la de un pequeño que sonríe cuando se ve en un espejo, sin estar completamente seguro que lo que está frente a sus ojos es real.

La propuesta lúdica de Kapoor nos recuerda a un juego de niños, su uso de colores primarios y pigmentos en polvo hace tentadoras sus obras al jugar con la tercera dimensión. Su trabajo va más allá de los objetos y su realidad, con ilusiones ópticas y espaciales que superan cada objeto y generan experiencias personales. Las obras no se entienden, se sienten, sorprenden por su inmensidad, por la exaltación de su materia prima, por la manera en que lo real, lo simbólico y lo imaginario se entrelazna. Porque entienden –como debe de entender el arte- que el final de una obra no es el objeto en sí, sino lo que genera en el espectador.

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