Carta Editorial | Equilibrio Digital

portada_mediaEl debate «mundo digital versus mundo real» se está haciendo viejo. Es momento de aceptar que el mundo de hoy es ambas cosas a la vez, que nuestras vidas transcurren tanto en la casa, la oficina y los viajes como en lo que registramos, compartimos y  comentamos en  nuestras apps y redes sociales. Un poco más aún: hay que asumir que la tecnología seguirá avanzando y que la seguiremos consumiendo. La conexión, por lo tanto, será cada vez más constante. Pero eso no tiene por qué ser un asunto negativo siempre y cuando —como ocurre con todo en la vida— aprendamos a usarla con sabiduría. Entonces, lo primero para prepararnos en este camino al que hemos llamado «equilibrio digital», será preguntarnos: ¿tenemos hábitos tecnológicos saludables? Lo más seguro es que no.

 

 

De acuerdo con el Pew Research Internet Project, 44 por ciento de los usuarios de smartphones duermen al lado de este dispositivo aunque numerosos estudios han probado que esa práctica tiene un efecto negativo en el sueño. Una investigación de la Public Library of Science concluyó que la satisfacción que nos da nuestra propia vida es inversamente proporcional al tiempo que pasamos en Facebook. Las cefaleas, las molestias oculares, el dolor de cuello provocado por la posición en la que leemos y escribimos mensajes de texto, son afecciones cada vez más comunes, eso sin mencionar la ansiedad que provoca no revisar el teléfono en cierto lapso de tiempo o los síndromes nuevos como la obsesión con los likes y el fomo (fear of missing out).

La tecnología nos ha fascinado tanto que la hemos usado de manera desmedida y eso, por nuestro propio bien, tiene que cambiar. Y es que si la usamos bien, puede convertirse en nuestra mejor aliada: nos mantiene en contacto con nuestros seres queridos, nos ayuda a hacer más rápidos y eficientes diversos procesos laborales; y las apps correctas son un gran apoyo para procurar una alimentación balanceada, incrementar nuestro rendimiento físico e incluso para meditar desde la comodidad de nuestro sillón favorito.

Es por todo lo anterior que hemos dedicado esta edición a explorar opciones para conseguir un buen balance. En estas páginas se mencionan, por ejemplo, iniciativas que ayudan a que nos «desintoxiquemos» del uso excesivo de internet, ciudades que demuestran que la naturaleza y la alta tecnología pueden convivir de manera  amigable en la vida de sus habitantes, historias verdaderas sobre cómo proyectos de ejecución artesanal se hicieron posibles gracias a plataformas digitales y también algunas aplicaciones de la tecnología que demuestran su buen uso en la moda, el diseño y la gastronomía. «La tecnología no es nada», dijo alguna vez Steve Jobs, «lo que importa es tener fe en las personas, que son en esencia buenas e inteligentes, y saber que si tienen consigo las herramientas correctas, pueden hacer maravillas con ellas». En A, pensamos que Jobs tenía razón y, con esta edición, lo comprobamos.

 

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