ARQUITECTURA SUBLIME

Fotografía de David Stephenson.

Las grandiosas catedrales góticas de la Edad Media, con sus enormes ventanales y techos altos, dan la impresión de querer tocar el cielo para acercarnos, lo más posible, a Dios. Hermosos vitrales iluminan los espacios oscuros de los interiores. Los arcos y los pilares inyectan drama y magnificencia a este estilo arquitectónico. Las bóvedas tienen un lenguaje propio; son exquisitas obras de arte que, desde el primer vistazo, impresionan con su grandeza.

El uso de la luz como principio activo incorporado al propio edificio es parte de lo que define el estilo gótico. La luz que se filtra al interior de estas catedrales, a través de sus magníficas vidrieras, va más allá de una simple iluminación. Son rayos coloreados por bellos cristales que lucen como cortinas de luz que cruzan los espacios. El efecto es sorprendente. Los rayos se convierten en un elemento mágico, clave de un ambiente que cambia con el ritmo del sol y que, por ello, es distinto a cada minuto. Los muros, los pilares, los arcos y las bóvedas fungen como pantallas de proyección para este espectáculo cuyo objetivo es elevar el espíritu de los fieles a la esfera mística. Fuente de belleza en sí misma, esta luz es capaz de opacar la arquitectura del edificio.

Las bóvedas son sublimes. Pareciera que los creadores de éstas catedrales hubieran querido grabar a Dios en la piedra. Punto de intersección del arte y de las matemáticas, las cúpulas decoradas con nervaduras, alineadas sobre la nave del templo, arqueadas y entrecruzando fueron, decorativamente hablando, la razón de ser de toda catedral gótica europea durante el medioevo. Se podría decir que, de manera discreta, su diseño pretendía reflejar lo etéreo del rostro del Mesías.

Bajo los cánones de la arquitectura gótica se elevaron edificios altísimos con el único propósito de que el rostro divino, subliminalmente presentado, resultase más identificable. Y es que, según la Biblia, «Dios está en la altura de los cielos».

El fotógrafo David Stephenson hizo una exploración de todo esto en su libro Heavenly Vaults. From Romanesque to Gothic in European Architecture publicado por Princeton Architectural Press. Enfocando con su cámara los maravillosos techos y bóvedas de las catedrales y basílicas medievales más importantes de Europa, creó una interesante recopilación visual donde capturó, además de la intrínseca belleza de las catedrales de la Edad Media, el halo contemplativo y trascendental que caracteriza a estos impresionantes inmuebles.

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