ADELGAZANDO TU AGENDA

Estamos viviendo los últimos meses del año, tiempo de planear fiestas, regalos, eventos, ideas para el próximo año, y entre todo esto, algo que considero importante incluir es ADELGAZAR NUESTRA AGENDA, para así darnos cuenta quiénes realmente son las personas que nos interesan y con quienes debemos tener detalles, y detectar a aquellos a los que no les interesamos en lo más mínimo, aunque nos cuente trabajo aceptarlo.

¡La vida no se trata de ser los más populares! Algunas personas se miden de acuerdo a los amigos que tienen en las redes sociales y no, esos no son amigos, son personas que conocemos y nos conocen y que en algún momento nos pidieron amistad y aceptamos. Sin embargo, pensemos: ¿a cuántos de ellos podremos considerar amigos? ¿A cuántos de ellos les importamos realmente? ¿Cuántos harían algo por nosotros o estarían dispuestos a ayudarnos en caso de alguna necesidad? Considerar a alguien tu amigo es una gran responsabilidad, es una relación recíproca, es sentirte orgulloso de esa persona, es saber que no te va a fallar porque tú no le fallarías, es alguien que a pesar de los chismes malintencionados que a diario vivimos, no los creerá o si los percibe, los aclara. Un amigo es alguien que te ve de frente, alguien que conoce tus puntos débiles y los entiende, que te da la mano si te ve caído, y alguien con el que sabes puedes contar no importa cómo o cuándo.

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Este es un buen tiempo para adelgazar esa agenda abultada que no nos lleva a ninguna parte, para así poder tener el tiempo necesario para dedicarlo a quienes sí merecen nuestro tiempo.
Alguna vez comenté que el terminar una amistad no tiene que ser una tragedia, o sentirnos mal por decir “ya no somos amig@s”. Los buenos tiempos terminan y si por alguna causa a algún malentendido no se le quiso dar el tiempo necesario para aclararlo, y la amistad cambió, debemos agradecer el tiempo que duró y voltear la página. No pasa nada.

Hagamos la prueba: tomemos una letra de nuestra agenda, la que sea, y veamos la cantidad de nombres que están ahí muy bonitos, apuntaditos con teléfonos, direcciones y demás, y pensemos cuánto tiempo hace que no se tiene ninguna comunicación con esa persona; ni siquiera la has visto, tal vez ella ni recuerde que existes… ¿Tiene algún objeto seguir teniéndola en tu lista de amistades? O por el contrario, encuentras el nombre de alguien con la que has tenido una buena relación, alguien a quien estimas y con la que viviste buenos tiempos y tienes buenas anécdotas y a la que con sólo ver su nombre, sonreíste.  A esa, ponle una notita y en la primera oportunidad que tengas, llámala, salúdala, ¡déjale saber que no la olvidas! Todos tenemos amistades de muchos años a las que aún sin verlas regularmente, se sigue sintiendo un gran cariño por ellas; a esas sí vale la pena dedicarles tu tiempo, tus sonrisas, tus abrazos, tus palabras…

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Conozco personas que se dedican a leer por horas las redes sociales, los periódicos, saben la vida de muchas personas a las que vagamente conocen, y dan santo y seña de sus vidas (esta expresión era del tiempo de mi abuela, pero seguramente la entienden), y además opinan de lo que hacen bien o mal. ¿Como para qué? ¿Vale la pena tenerlas como “amigas”?

He encontrado personas a quienes no conozco personalmente y me ven en algún lado y me preguntan: ¿Usted es la que escribe el blog? ¡Yo la leo y me gusta! Ese es el mayor gozo que pueda tener, porque mis letras siempre llevan la buena intención y el tratar de manifestar un mensaje positivo; para eso escribo: para dejar algo. Como decía Catón: “Gracias a mis tres lectores. Esos tres lectores tienen la seguridad de que lo que escribo, lo hago desde el corazón”.

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Espero que para estas celebraciones que se aproximan, podamos tener una agenda ligera, pero importante. Que conservemos esas amistades especiales y maravillosas, y que podamos tener el tiempo de decirles “gracias, por ser especial para mí”.

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