10 minutos

Hace unos días asistí a un seminario muy interesante titulado “La Mujer del 2017”.

En una de tantas ponencias, un conferencista nos puso un ejercicio que me gustaría compartir: en la pantalla del auditorio, apareció la fotografía de un avión en el aire y, asumiendo su papel con gran dramatismo, nos advirtió: en ese avión van ustedes, y el piloto acaba de avisar que tiene serios problemas con las turbinas e irremediablemente en 10 minutos el avión se estrellará. En esos 10 minutos podrán escribir una carta a quien ustedes decidan, familia, amigos, hijos, esposo, y dichas cartas se pondrán en la caja negra del avión para tener la seguridad que llegarán a su destino.

Un ejercicio fuerte y muy interesante. Todas las asistentes empezamos a escribir y a medida que pasaban los minutos, las expresiones de nuestros rostros empezaron a cambiar, algunas mostraban gran angustia, otras lloraban mientras escribían, alguna sonreía. Terminado el tiempo establecido se pidió a las participantes compartir lo que habían escrito.

Una de ellas pedía perdón a su familia por no haberlos abrazado lo suficiente y comunicarles cuánto los quería: “yo suponía que ustedes lo sabían pero ahora me doy cuenta que debí decírselos con más frecuencia”.

Otra le decía a su marido: “no te cases hasta que los hijos sean mayores de edad, y si te casas, no la traigas a vivir a la casa, no la cuidé para que otra venga a disfrutarla”.

Una más pedía que la perdonaran por haber sido “tan orgullosa y no entender que cuando le pedían algo era porque la querían, no por molestarla”.

No faltó la que estaba molesta y le decía a su marido que “ya por fin vas a poder hacer lo que quieras”.

La mayoría agradecimos el tiempo compartido y pedimos que la familia se mantuviera unida y se cuidaran unos a otros. Y así fuimos escuchando testimonios diversos que nos dejaron grandes enseñanzas.

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¿Qué pasaría si realmente estuviéramos en ese problema?, si tuviéramos solo 10 minutos para despedirnos de los que tanto queremos, ¿qué les diríamos? ¿Nos despediríamos con remordimientos o con tranquilidad?, ¿contentos porque dimos lo suficiente, lo mejor de nosotros, dijimos cuánto los queríamos, o nos faltó algo?, ¿fuimos leales con nuestros amigos?, ¿dejamos un buen ejemplo a nuestros hijos?

¡Cuantas preguntas por contestar y que importante reflexionar sobre ellas!

Uno de los aspectos que la mayoría nos dimos cuenta fue lo poco importante de las cosas materiales: nadie las mencionó. Nadie se preocupó por ellas. Así debe ser, las cosas se quedan y lo importante y las verdaderas herencias son las semillas que sembramos en los corazones de nuestra familia, de las personas de nuestro entorno, de nuestros amigos, el cariño que dimos, las carcajadas compartidas, los abrazos, las enseñanzas, los viajes, las conversaciones, las mil y una cosas que solo nosotros sabemos y que valieron la pena cada minuto de nuestra existencia.

Pensemos en vivir cada día y cada minuto al máximo sin dejar nada por hacer, haciendo y dando lo mejor posible. Nunca sabremos en que momento llegarán nuestros últimos 10 minutos.

 

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